NCO en dos centros de rehabilitación de adictos de La Matanza
Adicción simultánea a varias sustancias y cada vez en edades más tempranas


 

La pasta base y el paco hacen estragos en los sectores más pobres * Los niños se inician entre los 8 y 10 años * Otra tendencia es la polidrogadicción: no se buscan un efecto específico en una droga determinada, sino que se consume de todo porque lo importante es evadirse y no el efecto de alguna sustancia en particular *
 

 
Por Soledad Martínez

martinezgsoledad@yahoo.com.ar

            Desocupación, crisis, pobreza, marginalidad y discriminación son algunos de los factores que produjeron un fuerte proceso de fractura social que arrastra día a día a miles de jóvenes, cada vez a más temprana edad, al consumo de drogas.             Según cifras recientes otorgadas por la Subsecretaria de Lucha Contra las Adicciones, en la provincia de Buenos Aires se consumen seis toneladas de cocaína por año. Un gran porcentaje se traslada al conurbano bonaerense y al partido de La Matanza.
            Las alarmantes cifras se proyectan por la cantidad de adictos y el consumo diario, semanal y mensual de los mismos, que se acercan a los centros sanitarios en busca de ayuda para su recuperación y reinserción a la sociedad.
En la lucha por la reconstrucción de la sociedad a través de la recuperación de adictos y la prevención para evitar la caída en este flagelo de las franjas de la población en constante riesgo, se encuentran la Fundación Viviré en Ramos Mejía y La Cueva de Adulam en Isidro Casanova.
La Fundación Viviré comenzó hace 12 años en Merlo y hace cuatro que funciona en Ramos Mejía como hospital  de día y centro ambulatorio, su presidente Alejandro Rosatti señala que “en este lugar recibe apoyo toda persona que se acerca, por voluntad propia, con  problemas de dependencia con cualquier tipo de sustancias”.
Rosatti habla de dos nuevas vertientes palpables en los últimos años con respecto a esta problemática. Por un lado, la temprana edad en que se inician en el consumo y, por otro, la polidrogadicción, es decir, la adicción simultánea a varias sustancias a la vez.   

            Con respecto a la primera vertiente cabe señalar que el consumo a temprana edad se centra principalmente entre niños de 8 a 10 años que pasan sus días en las calles sin la tutoría de un adulto, los cuales difícilmente llegan a un centro de rehabilitación

Sobre la segunda, explica que “la polidrogadicción se basa en que los adictos no buscan un efecto específico en una droga especifica, sino que consumen de todo porque lo importante es evadirse y no el efecto específico de determinada droga”.

En Isidro Casanova, un punto complejo del partido, Raúl Ríos, presidente de La Cueva de Adulam, hace hincapié en la problemática de la familia, en especial  de las familias numerosas en las que “existe el no te aguanto más, no te puedo atender, contener, educar, dar de comer, entonces estos chicos y chicas quedan a la deriva”.

Dos de las drogas que hacen estragos entre los más pobres son la pasta base de cocaína y el paco, que se realiza con los residuos de la primera y produce efectos físicos irreversibles a poco tiempo de iniciar el consumo.

            Ambas instituciones coinciden en la pérdida de los valores. Raúl Ríos se refiere al desempleo y a los trabajadores que se transformaron en “papás inútiles” y los hijos que piensan que todo el esfuerzo de sus padres no sirvió de nada, por lo que toman el “camino fácil” que implica la delincuencia y la drogadicción.

            Alejandro Rosatti también hace referencia a la pérdida y la distorsión de los valores y resalta que “nosotros no inventamos nada, apelamos a los principios básicos que nos enseñaron a todos y a ponerlos en práctica” y agrega: “somos una escuela de vida en la que enseñamos a vivir sin drogas”.

            En el caso de La Cueva de Adulam juega un importante papel la fe de las personas que quieren recuperarse, ya que funciona junto con una iglesia cristiana evangélica. Según su presidente, en seis meses consiguen resultados “positivos o positivos”.

            Pero para el presidente de Fundación Viviré, es necesario un abordaje que incluya el accionar de médicos clínicos, psicólogos y, de ser necesario, psiquiatras, y la recuperación lleva mucho más tiempo. 

 Alejandro Rosatti aclara que no duda de las “buenas intenciones”, pero los buenos resultados de estas instituciones suelen ser esporádicos ya que no se resuelve el “foco” del conflicto en el cual radica la razón del consumo, saber el por qué de la adicción es el  camino a la recuperación definitiva, según los principios de la Fundación Viviré.

Metafóricamente, Raúl Ríos recalca el objetivo de la institución; ser el abogado en el divorcio de una persona que se casó con la droga y contribuir a la reinserción en la sociedad de adictos recuperados.  

El objetivo común de estas instituciones es la reconstrucción de los valores, lazos familiares, sociales y comunitarios que permitan no erradicar definitivamente, pero si dar batalla al flagelo de la droga en el partido de La Matanza.     

     

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