Por la preservación de monumentos 

Un monumento a la madre único en su estilo


Por Alfonso Corso.-

 

En 1979 la “Ciudad de Lomas del Mirador” oficialmente aún no existía, pero, emotiva afectivamente, estaba latente en el esperanzado sueño de un “título” que más que merecidamente estaba por llegar. La prueba de ese sentimiento se notaba en la pléyade de nominativos referidos a La Loma se veían en todos los espacios de la soñada y ya cercana ciudad y, es allí cuando un amigo, el presidente del Rotary Club de Lomas del Mirador don Peluso, en una conversación en su Rotary me comentó la idea que tenían de entronizar una imagen de La Madre en la plaza local. Chocaban con un inconveniente, el habitual en las instituciones locales: La falta o poco disponibilidad de dinero, el costo de una escultura era bastante elevado y los medios no alcanzaban, pero está visto que todo llega en este mundo y da la casualidad que en esa época yo me desempeñaba como docente en el Instituto Nacional de Salud Mental, y allí trabajaba uno de los personajes más altruistas, simpáticos y extraños que tuve la oportunidad de conocer en mi ya larga vida: Don Pietro Antonnuccio.

En esos momentos él estaba encargado de llevar a cabo esculturas científicas (en su atelier se veían colgadas del techo moscas de un metro de largo, células de 50 cm de diámetro, grandes escarabajos, bacterias de 70 cm de largo y así toda la fauna científica que uno pueda soñar, pero de tamaño descomunal.     

Don Pietro Antonuccio (1) había sido pintor, escultor, arquitecto y un poco médico, todo eso era su amor y en todo tomaba las labores con un enorme corazón. Pietro vino un día a cenar con los rotarios. Fue una cena larga, ya que estuvo contando sus labores en Italia donde había dejado a su familia, sus labores en el manicomio y su interés en ser útil a la humanidad. Allí se arregló todo y la estatua o monumento a La Madre se fue gestando. No cobraría nada, solamente debían darle los materiales y dejar que la estatua la hiciera a su gusto. Modelarla con la imagen de su madre con los hijos a su vera y con la bolsita del mercado.

El monumento se inició a principios del año 1979 y se inauguró el mes de abril del mismo año. En esa luminosa jornada otoñal estuvieron presentes los directivos del Rotary de Lomas del Mirador, el Intendente, el presidente del Centro de Martilleros Andrés Martino. Cantó el Coro de Norma Miazza, el señor Domingo Navas y los miembros de la comisión de Fomento Martín Güemes y el arquitecto N. Lavonia que armó el entorno que cobijaría la obra de arte.

Llegado el momento de la bendición que estuvo a cargo del párroco de la Iglesia del Santísimo Nombre de María Juan Fontanella. El desfile de los vecinos fue incesante, los alumnos de la Escuela 26 que tuvieron la dicha de ir viendo la construcción, los comerciantes que aportaban lo necesario para la terminación de la obra de arte y de su entorno.

Don Pietro Antonuccio (que en ese ínterin había recibido del gobierno italiano el grado de Cavaliere) con motivo de la inauguración, el intendente municipal hace entrega (en nombre de los rotarios, en particular de la comunidad en general) de una medalla de oro y es allí cuando hace el ofrecimiento de decorar totalmente la plaza de San Justo. Ya importantes obras de él estaban honrando y engalanando lugares de la cabecera de distrito, de González Catán, de la plaza Flores y de muchísimos lugares del país, como así también del exterior.

Fue una jornada de gloria para la población de Lomas del Mirador y aunque en el sitio faltaba el monumento a Evita que había sido destruido en el mes de septiembre de 1956, se vio inaugurado ese día otro monumento de amor como es La Madre.

En ese día hubo muchos oradores, pero parece interesante recordar las palabras de don Pietro Antonuccio en la oportunidad: “Vine con gusto a La Matanza, la misma no es nueva para mí, ya hay obras de mis manos en este hermoso partido, pero con este monumento ha sucedido algo especial. Cuando los amigos Corso y Peluso me hablaron para hacerlo, impuse una sola condición: que haría la madre que yo soñaba, no la madre estilizada, estática y buena moza, sino la madre sufrida, la madre que lucha día a día para llevar adelante su hogar, para criar sus hijos, con sus risas y sus llantos. Por eso he querido simbolizar y amalgamar en una estatua “la mía mamma”. Italiana o criolla, esas madres que con la misma suavidad que acarician el cabello de sus hijos, amasan el pan cotidiano. Esa es la madre que quería simbolizar”.

Allí está ese monumento en la plaza de Lomas del Mirador, y si bien más de una vez hicieron pintadas o dañaron alguna parte del monumento, ella desde su pedestal brindará paz y bondad al pago matancero.   

 

(1)   Pietro Antonuccio nació en Nápoles (Italia) en el año 1902. En el año 1913 ingresa en el Colegio Instituto Artístico San Lorenzo. Allí estudia dibujo, pintura, tallado y escultura y después de realizar una serie de cursos egresa en el año 1927 con una especialidad que lo hará famoso en el país y es reclamado para sus labores en el Vaticano. Se recibe de naturalista artístico en la Academia de Bellas Artes de Nápoles. Funda, para divulgar su arte, una editorial de donde salieron gran cantidad de textos universitarios de odontología, radiología, historia, zoología y ocultismo. Sus obras de escultura zoológica se distribuye y es solicitada por los centros de cultura de todo el mundo, y dos grandes artistas argentinos (Berni y Soldi) se consideraron sus alumnos en decoración de platos y cerámica. Una curiosidad: Antonuccio no pintaba con pincel, utilizaba sus dedos. Obtuvo infinidad de premios y distinciones pero siempre se enorgulleció de su monumento a La Mamma en Lomas del Mirador.

 

Ir arriba