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Parece que la pobreza está de moda
De repente, todos hablan de la pobreza como principal problema de nuestro mundo, lo cual es penosamente cierto. Déjenme que les recuerde datos y cifras. Casi la mitad de la población mundial malvive con menos de dos dólares diarios (de éstos, mil millones con menos de uno), en Latinoamérica los pobres son más de 200 millones aunque la región no es pobre, en África la pobreza aumentó un 70% desde 1980, cada año mueren 6 millones de niños por enfermedades perfectamente curables, 114 millones de niños ni siquiera reciben enseñanza básica o primaria, cerca de 600 millones de mujeres son analfabetas, tres millones de personas mueren cada año por la malaria (casi siempre en países pobres), más de 810 millones de personas sufren hambre crónica y diaria, cada cuatro segundos muere de hambre un habitante de esta Tierra, más del 40% de la población carece de saneamiento básico (ni una simple letrina), en este año 2005 que empieza la hambruna amenaza especialmente a más de dos millones de etíopes a pesar de que ha habido buena cosecha. Etcétera. Un largo etcétera que no cesa, al que añadir las desastrosas consecuencias del maremoto en el sudeste asiático que parece haber cumplido, sin embargo, el papel de agitador de conciencias.
Se esperaba que el Foro Social Mundial de
Porto Alegre dedicará sesiones y esfuerzos a la lucha contra la pobreza,
pero que lo hiciera Davos, el foro de los desarrollados, ricos, guapos y
poderosos del mundo, ha sido casi un sobresalto. ¿Tan intenso ha sido el
trastorno de almas causado por la ferocidad del tsunami? Sin embargo, desde
1970, los países ricos se han comprometido en tres ocasiones más o menos
solemnes a aumentar la ayuda al desarrollo de los empobrecidos hasta el 0,7%
de su PIB, pero hasta hoy sólo cinco han cumplido y seis más se han
comprometido a hacerlo, pero en el planeta hay más de treinta países
desarrollados y ricos. Mejor suerte corrió la propuesta de creación de un Nuevo Instrumento Financiero Internacional para reunir a corto plazo el dinero necesario para cumplir los objetivos del Milenio para el 2015, para inversiones en infraestructuras, sanidad y educación. De momento, 50.000 millones de dólares. También se planteó la condonación o reducción de la deuda externa de los países empobrecidos, así como la eliminación de las trabas comerciales a los productos de esos países. El cánciller alemán Schröder se mostró favorable a eliminar restricciones cuantitativas a las ventas de productos agrícolas del Tercer Mundo a la Unión Europea y también a la reducción de subvenciones agrícolas, pero Mkapa, presidente de Tanzania, no se acabó de creer que la UE sea capaz de tal cosa. Al final, Davos, el foro de los ricos, fue una gran tormenta de ideas con muy buena voluntad que hizo buena la vieja regla: cambiar algo para que todo permanezca igual. Nos viene a la cabeza un escrito de Carlos Fuentes, a propósito de la pobreza en el mundo, en el que el escritor mexicano nos recordaba que proporcionar alimentación, salud, educación, agua potable, saneamiento y planificación familiar a todos los países pobres es un gasto de 80.000 millones de dólares anuales que, por casualidad, es el 10% de los gastos militares y de armamento del mundo. Ergo, si la pobreza sigue ahí imbatida es porque no hay voluntad real de eliminarla. Cuando quieres resolver un problema vas a las causas, a las raíces, no a sus manifestaciones o síntomas. Nuestro mundo está muy mal, porque es estructuralmente injusto, pero esa injusticia no se pone en cuestión ni se ataca. Algo tan necio como pretender curar un tumor cerebral, que ocasione tremendas jaquecas, sólo con aspirinas.
Xavier Caño Periodista |
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