|
Los viernes de 09 a 13 hs NCO está en la Recta Final de la información
semanal. Vos ¿dónde estás? A.M.1050 Radio Conurbana
El más completo equipo periodístico de La Matanza para informar al Conurbano, a la Provincia y al País... Con todo lo que necesitas saber y lo que no te quieren decir... |
|
Entrevista a Diana Sacayan La historia de la travesti piquetera de La Matanza
En una exhaustiva entrevista, denuncia la discriminación que sufre en todas las gamas de la sociedad * Además cuenta a qué edad notó su inclinación sexual y la tensa relación con la policía local *
Nació en el bajo de Gregorio de Laferrere, en 1975, y es la número trece de una familia de quince hermanos. Otra de sus hermanas también es travesti y eso les costó a ambas el rechazo de sus padres. Desde la infancia trabajó en la calle, ayudando a su madre, y recién a los 18 años Diana Sacayán asumió su identidad travesti. Forma parte de distintas agrupaciones políticas y es integrante del MTL (Movimiento Territorial de Liberación), una de las tantas organizaciones piqueteras que existen en el partido de La Matanza. Su historia es la de un ser humano que va construyendo su identidad día a día, peleando en condiciones muy desiguales con una sociedad donde son pocos los que respetan el gusto y el deseo ajenos, y en rebeldía frente a toda clase de injusticias, sobre todo ante las que padecen los pobres, como ella. “Mi niñez fue como la de cualquier chico pobre, me llevaba bien con los maestros. Intenté hacer la secundaria hace unos años, dejé y ahora retomé. Mi inclinación sexual la conocí alrededor de los 9 años, aunque en mi cabeza lo tenía como algo que en la adolescencia se me iba a pasar. Bueno, no era que en realidad pensara eso. Me decían que iba a ser así. Pero no. Nada que ver, al contrario: decidí travestizarme”, cuenta Diana.
¿Cuándo fue que decidiste hacerlo? Más o menos a los 18. Me tomé mi tiempo. Había en el medio muchos factores que me impedían largarme. Sobre todo me preocupaba cómo lo iba a tomar mi vieja y el resto de mi familia. Ellos son como la mayoría de las familias, muy machistas.
¿Qué te dijeron cuando empezaron a verte travestida? En principio sentí el rechazo. Por eso determiné irme de casa, buscarme un lugar e irme a vivir con una amiga. Pasé de buenas a primeras a vivir en un ambiente donde de lo único que se hablaba era de travestismo, de siliconas, de ropas de mujer… No había quien nos diera un consejo, que nos dijera por ejemplo que las siliconas son peligrosas. No teníamos entonces la conciencia que hoy sí tenemos.
Era la época en que se inyectaban aceite de bebés y cualquier otro tipo de cosas…Sí, suero para tener tetas por dos o tres días y después se iban. O aceite de avión, aceite o siliconas industriales.
Vos ahora estás estudiando. ¿Tuviste problemas en la escuela?Sí. Tuve que cambiarme de escuela porque un profesor de matemáticas tenía rechazo por mi identidad de género. Me dio pena tener que irme, porque algunos compañeros y profesores eran buenísimos… Pero no me dejó más remedio que cambiarme del Centro de Escuela Secundaria para Adultos Nº 456, que queda a tres cuadras de mi casa, al 452, a más de veinte cuadras.
¿Cuándo comienza tu militancia en el movimiento piquetero? Todo empieza a partir de que la policía de Laferrere me agarra y me inventa una causa. Caigo detenida y cumplo un año en la cárcel. Estuve en la Unidad 32, de Florencio Varela. Fue entonces cuando militantes de derechos humanos y del MTL se interesaron por mi situación y empezaron a clamar por mi libertad. Ellos, junto con otras compañeras que pertenecen a ALITT (Asociación de Lucha por la Identidad de Travestis y Transexuales). Así fue como me acerqué al movimiento piquetero. Salí de la cárcel el 22 de noviembre de 2001, justo antes de la caída de De la Rúa. Estuve en todos los cortes que se hicieron en aquellos días, con los chicos del barrio. También estuve en Plaza de Mayo.
¿Qué trabajo hacés en el MTL? Estuve trabajando mucho tiempo en un emprendimiento de panadería con horno de barro. Yo era la panadera. Teníamos que ocuparnos, además, entre todos los compañeros, de buscar la leña y de poner platita de nuestro bolsillo para comprar la harina. Después, aparecieron los planes y sacamos de ese dinero para el microemprendimiento. Pero a partir de esa época, la cuestión de género empezó a complicarse más; muchas compañeras travestis estaban siendo arrestadas porque no nos querían en la calle. Por eso fui dejando de a poco mi trabajo en el merendero y en la panadería, como para hacerme cargo de mi activismo como travesti y como defensora de los derechos humanos. En particular mi preocupación se dirige ahora a las cuestiones con las leyes y los edictos represivos en la provincia de Buenos Aires. Sin embargo, pienso volver a la panadería, mis compañeros me piden que vuelva, porque dicen que hago bien el pan.
¿Tuviste problemas por ser travesti, dentro del movimiento piquetero? Para nosotras sería fabuloso que todos los movimientos del campo popular tomaran con fuerza y no por lástima las reivindicaciones de nosotras, las travestis. El tema de la lástima funciona así: ellos piensan “porque te golpean, te vamos a acompañar; mientras andes bien, miramos para otro lado”. Y para tratar las cuestiones de género se arma de vez en cuando un tallercito y listo. Nuestras reivindicaciones no están verdaderamente dentro de su programa político. Pero si nos consideramos revolucionarios en un mundo regido por el patriarcado y por el machismo, entonces tenemos que darles batalla. No puede existir revolución si no se incluyen todas las diversidades. El patriarcado y el machismo son dos grandes herramientas con las que se sostiene el capitalismo, por eso tenemos que ser capaces de darle ahí. Tenemos que ser capaces de llevar estas reivindicaciones junto con la lucha contra el hambre.
Más allá de estas cuestiones visiblemente políticas, ¿sentís algún tipo de rechazo por parte de tus compañeros? De algunos compañeros siento que tienen la intención de ayudarme muchísimo, pero de otros sí lo notás. Algunos hacen que no te ven y te dan vuelta la cara. Tienen miedo de contagiarse o algo así. Los pobres son los que mejor pueden entender lo que les pasa a las travestis, porque saben lo que es ser discriminados.
¿Dónde pega más fuerte la discriminación, como travesti o como piquetera? Me cuesta separar una cuestión de la otra. Una persona que tiene la heladera llena no piensa igual que otra que la tiene vacía. La diferencia es que la mina y el tipo que tienen guita te discriminan por ser travesti y por ser pobre, en cambio el pobre te discrimina por ser travesti. En el hecho en sí de discriminar no importa por qué te lo hacen. Te discriminan y listo. Muchos lo hacen por ignorancia.
Ya no son solamente las cuestiones de la vida cotidiana los temas de reflexión actuales de las organizaciones de travestis. Lejos del estereotipo de una existencia de plumas y siliconas, saben hasta qué punto están siendo castigados por una situación social injusta. “El Estado argentino nos da palos y nos encarcela. ¿O acaso ves que se comprometa no a reprimir, sino a sacar de la calle y a dar un espacio en la sociedad a las personas en situación de prostitución? La peor inseguridad que existe es la que el Estado ejerce sobre los pobres. No habría cárceles llenas si hubiera un real compromiso con los pobres. Todavía no vi preso a ningún corrupto por robar. La mayoría de la población carcelaria es gente humilde a la que el Estado debería rehabilitar, garantizando alimentación y educación de verdad para todos. Y a mí, y a tantos otros, nos sucede que porque no tenemos plata para pagar el boleto, la Gendarmería nos baja del tren, nos pone contra la pared y nos apunta con sus armas a la cabeza. Ellos están preparados para reprimirte, para humillarte. Para ellos vos sos puto y croto, y por eso consideran que pueden tratarte como basura”, se queja amargamente Diana Sacayán.
De “Crónica del Orgullo Gay”
|
| Ir arriba |