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El Periodismo y la Democracia
"Todo individuo tiene derecho a la libertad de expresión y opinión, lo que implica el de no ser inquietado por sus opiniones y el de buscar, recibir y difundir, sin consideración de fronteras, las ideas por cualquier medio de expresión". Art. 1º del Derecho a la Expresión, sancionado en 1948 con la Declaración Universal de los Derechos Humanos. El grado de libertad de prensa de una sociedad es un barómetro útil para medir la fortaleza y el estadio de desarrollo de una democracia. En la actualidad son más los países en los que la libertad de expresión falta o se vive como un riesgo. En Argentina creí que con la libertad en un estado de derecho con eso alcanzaba para obtener de un periodismo fuerte y autónomo, pensando que el momento histórico y político de un país condiciona su prensa. Sin embargo, su fortaleza, su autonomía, dependen de la solidez del parlamento, la ecuanimidad de los jueces, la honestidad de los gobernantes y de las demandas de la opinión pública conocedora de sus derechos ciudadanos. Así, a medida que en nuestro país no se consolide la división de poderes, el periodismo no podrá fortalecerse como un contralor de los mismos. Parece que es una cuestión de tiempo y paciencia. En Argentina como en toda cultura tardía, el fenómeno de la televisión transformó a la prensa y apareció el consumidor de TV que suprimió al ciudadano. La concentración de poder de los medios de comunicación televisivos subordinó a todos los otros, puso a prueba la dialéctica entre libertad y autoritarismo. Esta sobre el tapete el tema de la responsabilidad social de los medios de comunicación masivos. Las manipulaciones de la opinión pública a través de los medios se advierten a cada rato (las encuestadoras de opinión las voy a dejar para otra nota) cuando se tocan intereses sectoriales o se ejercen derechos que dan lugar a controversias o consecuencias económicas. Pero la memoria "fragmentaria" que a veces padecemos no recuerda los análisis vacíos a los que pretenden acostumbrarnos algunos comunicadores sociales, periodistas o analistas, muchos de ellos al servicio de quienes les pagan para ello y para que opinen de una u otra dirección de acuerdo a sus necesidades y conveniencias, más aún cuando de falsedades se trata, dirigidas al sentimiento o a la opinión de la sociedad en general, carente a veces de los conocimientos o de la información idónea para formularse su propia composición de lugar. No soy economista – aunque es bueno e imprescindible entender las reglas básicas– NO soy legislador, No ocupo cargos públicos, No soy juez, Ni menos aún responsable ni autor de la política económica y social vigente. Soy un ciudadano que se ajusta a su propia conciencia y acatando las leyes y la Constitución. Cuando ello no ocurre soy pasible de las sanciones que la ley prevé. Sólo el análisis desapasionado, profundo y serio nos puede alertar por este medio de comunicarnos del foco de los problemas que deben resolverse y no a través de una falacia que generalmente ejercen los multimedios. "La televisión reemplazó al foro de nuestros ancestros, a la velada de nuestros abuelos, a la reunión pública de nuestros padres, y a veces, incluso, a la Asamblea Legislativa, es decir que la meditación, el recogimiento y el intercambio desaparecieron a favor de una suerte de democracia directa representada en un espectáculo donde los pensadores se convirtieron en actores"
HUGO SIRIO |
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