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Maibel Díaz Un ejemplo de voluntad en La Matanza
Por Soledad Martínez.-
Maibel Díaz tiene 24 años y vive en Gregorio de Laferrere, nació prematuramente a los seis meses por lo que pasó un mes en la incubadora para su recuperación, pero “la carpa de oxígeno me hizo pelota la vista” relata. “Mi mamá dice que de chiquita yo veía y seguía los juguetes con mis ojos, pero yo no recuerdo haber visto más de lo que veo ahora”, es decir puede percibir la luz, tanto artificial como la luz del sol y sombras o bultos “pero no distingo figuras”. Maibel Díaz realizó el jardín de infantes y el preescolar de manera “integrada” con chicos sin problemas visuales, “conseguir una escuela para ciegos nos llevó mucho tiempo porque en la zona en que vivo no había ninguna”, hasta que llegó a la Escuela 511 en Villa Constructora en la que cursó los primeros años de la primaria para luego continuar en la Escuela 83 en Gregorio de Laferrere, nuevamente con compañeros que no sufrían problemas visuales. Los estudios secundarios con orientación en arte, diseño y comunicación los efectuó en la Escuela Media N° 24 del barrio San Alberto en Isidro Casanova “a la escuela especial 511 iba solamente para recibir apoyo”, Maibel resalta el hecho de que nunca tuvo problemas de adaptación, “me llevaba bien con todos mis compañeros” cuenta. Mientras cursaba sus estudios primarios y secundarios, Maibel Díaz obtuvo numerosas medallas en juegos intercolegiales para chicos con capacidades especiales, su deporte era el Torbol, un juego especial para no videntes que consiste en tratar de meter una pelota en un arco sin tocar una sogas colocadas horizontalmente a 40 centímetros del suelo. En la actualidad cursa el segundo año de la Licenciatura en Comunicación Social en la Universidad de La Matanza: “elegí esta carrera porque me interesa difundir todo lo relacionado con las personas no videntes, ya que las personas a veces no se interesan”, dice. Maibel optó por abandonar las actividades relacionadas al deporte y a la enseñanza de braile “porque quería estudiar y eso lleva tiempo” y agrega que todavía le cuesta “un poco” adaptarse al ritmo de estudio universitario. La universidad de La Matanza cuenta con elementos fundamentales para la contención de alumnos no videntes, como un programa de computación llamado Jaws que, por medio de audio, permite navegar por Internet, describir imágenes y enunciar textos; y una máquina llamada Galileo que permite escuchar textos e imprimir en alfabeto braile. Más allá de los elementos a disposición de los alumnos no videntes, Maibel Díaz asegura sentirse muy bien en la Universidad, tanto con los profesores como con los compañeros de las diferentes cátedras. También recibe el apoyo del Centro de Estudiantes y de la Biblioteca Parlante, proyecto que comenzó en 1998 en el que graban el material bibliográfico en soportes sonoros para los alumnos no videntes. Con respecto a la discriminación que sufren las personas con capacidades diferentes, Maibel asegura que “la gente no discrimina por maldad, sino porque no sabe cómo acercarse, cómo hablarnos o desenvolverse en esa situación”. “Yo siempre hice lo posible para estar a la altura de una persona normal” a pesar de los inconvenientes diarios como la dificultad de transitar las calles en mal estado o en veredas ocupadas por comerciantes. Maibel Díaz no recibe ningún tipo de ayuda económica a pesar de que existe una Ley que indica que toda persona con algún tipo de discapacidad tiene derecho a cobrar una pensión, por ello para “bancarse los estudios” junta cartón, diarios, botellas, latitas de aluminio y “trapos viejos” para vender y solventar los gastos que le provocan la compra papel especial y punzones para braile. “Maibel siempre hizo lo que quiso y yo siempre la apoyé” asegura la madre de esta joven que a pesar de su condición de no vidente se esfuerza por seguir adelante con total normalidad, por lo que se desenvuelve en la calle por sus propios medios. La señora Díaz resalta la importancia de que “las mamis” ayuden a sus hijos con dificultades a llevar una vida normal a pesar del temor o la “falta de coraje” ya que al no permitirles conocer la realidad, la discriminación se produce dentro de la misma familia. |
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