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MUNDO
AL DIA

Por ISAAC BIGIO *
e-mail: Bigio2004@yahoo.com /
www.bigio.org
Arafat, el
Arbitro que Falta
Cuando se cumplían 38
meses del 11-S se anunciaba la muerte de la principal figura palestina en
casi 4 décadas. No hay un sucesor nombrado por él ni tampoco uno que pueda
tener la capacidad de convocatoria que éste tenía. Yasser Arafat fue un
hombre con demasiado poder y autoridad. Él era quien estaba como una suerte
de árbitro entre distintas fracciones palestinas. Su ausencia generará un
vacío y posibles peleas internas dentro de sus compatriotas. ¿Qué pasará en
el campo palestino tras su partida? ¿Qué efectos podrá tener ello con
relación a un proceso de acuerdos con Israel?
Arafat concentraba 3 roles en su propio mando. Era el jefe de Al Fatah (el
principal partido palestino), de la Organización para la Liberación
Palestina (OLP, el frente que agrupa a la mayoría de corrientes palestinas)
y de la Autoridad Palestina (un Estado embrionario con sede en Ramala). Él,
al igual que Napoleón Bonaparte, tenía mucho poder y usaba éste para mediar
entre distintas fuerzas.
Por ello su rol aparecía contradictorio. Por una parte Arafat era el hombre
que ganó el Premio Nóbel a la paz y era cortejado por Occidente como un
‘estadista’ que podría ser el ‘Mandela’ de su pueblo. Por otra parte él
alentaba revueltas populares y mantenía relaciones con quienes organizaban
bombas humanas. Al montar sobre dos caballos tan disímiles él buscaba evitar
que éstos se separasen en direcciones opuestas y ansiaba mantener cierta
unidad en su propio campo.
La vacante a esos 3 cargos no ha sido llenada por una sola persona sino por
3 líderes distintos. La Autoridad Palestina pasa formalmente a manos de Ruhi
Fatauh, líder del parlamento, quien deberá supervisar elecciones en 2 meses.
El poder real de ésta recae en el primer ministro Ahmed Qurei. La OLP pasa a
ser timoneada por Mahmoud Abbas. Al Fatah está bajo la dirección de Faraouk
Qaddoumi.
Tanto Qurei como Abbas pertenecen al sector que Israel considera como
‘moderados’ y dispuestas a llegar a un entendimiento ‘pacífico’. Qaddoumi,
en cambio, no aceptó los acuerdos de Oslo, vive en el exilio y mantiene una
hostilidad hacia Israel. Al Fatah sigue siendo la columna vertebral de la
OLP y de la Autoridad Palestina y sus Brigadas Al Aqsa han protagonizado
varios atentados suicidas.
Para Sharon Arafat era una persona con la cual ya no se podía negociar. Por
dos años no había tratos con él. Lapid, su ministro de justicia y jefe del
Partido del Centro (Shinui, el menos halcón de su gabinete), se despidió de
Arafat diciéndolo cuanto lo odiaba y por que no podía dejar que ese
terrorista sea enterrado en Jerusalén junto a reyes hebreos.
La existencia de Arafat era un pretexto ideal para evitar cualquier diálogo.
Hoy ya no hay dicho ‘ogro’ e Israel sufrirá la presión internacional para
mostrar magnanimidad. La ambición de Sharon siempre fue sacar del medio a su
Némesis, dividir a los palestinos y lograr acuerdos con líderes regionales o
moderados. La posibilidad que Israel logre tener relaciones privilegiadas
con aldeas o sectores árabes no es una utopía pues antes ha logrado que
muchos drusos y beduinos sean cooptados a sus FFAA.
Sharon podría hacer gestos de conciliación frente a un nuevo liderazgo
‘moderado’ en manos de Qurei o Abbas. Esto, a su vez, podría fortalecer la
autoridad de ellos.
La cuestión está en que Sharon no puede ni quiere dar si quiera el nivel de
concesiones que sus predecesores laboristas aceptaron a fines de los 1990s.
En ese entonces el proceso de paz explotó por que no se resolvía el pedido
de los millones de palestinos de poder retornar a sus tierras hoy integradas
al Estado de Israel, así como los niveles de poder y soberanía para el nuevo
Estado.
Sharon hoy quiere un Estado palestino con menos fuerza y viabilidad. A
diferencia del laborismo su partido Likud no está dispuesto a entregar
ninguna parte de Jerusalén y a desmantelar la mayoría de las colonias en la
Franja Occidental donde residen unos 400,000 israelíes.
Esto, repercute negativamente sobre los ‘moderados’ pues no tendrían mucho
que mostrar a su gente aparte de cierto retiro de las tropas israelíes y
posibles inyecciones económicas como compensación.
Por otra parte, la partida de Arafat permite que los radicales ya no tengan
‘ al padre de la patria’ como un obstáculo. Hamas, quien hoy puede ser el
partido más fuerte en Gaza, no está ni en la OLP ni en el gobierno
palestino. Este se niega a reconocer a Israel y a lo más que puede aceptar
es a una ‘tregua’ si Israel deja de incursionar en sus territorios.
Los intransigentes palestinos querrán crecer demandando más concesiones y el
derecho de los palestinos a retornar a sus tierras y eventualmente a
‘recuperar todo el país’. La izquierda de Al Fatah y la OLP sufrirá dicha
presión. Ello acentuará las divergencias palestinas internas.
Sharon para dar concesiones a los ‘conciliadores’ palestinos va a demandar
de éstos mayor energía contra el ‘terrorismo’ generando el espectro de una
guerra civil entre palestinos.
En cierta medida se podría repetir el escenario irlandés de inicios de los
1920s cuando un ala del nacionalismo de dicha isla aceptó soberanía a costa
de renunciar a los 6 condados del norte, y ello, a su vez, generó una guerra
civil entre los partidarios de un acuerdo con Reino Unido y los partidarios
de una república que una a toda la isla. Las secuelas de ello aún se
mantienen.
Por el momento Abbas apuntaría a ser el nuevo líder palestino, aunque tal
vez el más popular caudillo de dicha nación es Bargoutti, quien se encuentra
sirviendo cadena perpetua en Israel. Él está identificado con la ‘lucha
armada’ aunque también acepta una solución bi-estatal. Por el momento Israel
puede mantenerlo en reserva como una posible carta a utilizar, y poder
liberar a cambio que él pueda garantizar una salida negociada.
La ventaja que hoy tiene Sharon es que cuenta con 3 victorias. La primera es
que se ha doblegado a los regímenes nacionalistas árabes que apoyaban a los
palestinos: Hussein ha sido depuesto y Khaddafi se ha reamistado con
Occidente. La segunda es que Sharon ha logrado hacer aprobar su plan en el
parlamento y evitado una escisión en el Likud. La tercera es la re-elección
de Bush, el presidente norteamericano más pro-israelí que haya habido, y con
una mejor votación que en el 2000.
Sin embargo, algo que juega en contra de ambos es el creciente sentimiento
de frustración y rebeldía dentro de los árabes y musulmanes en general. Un
entendimiento en Palestina podría amortiguar ello, pero si éste no se dá se
retroalimentaría dicha cólera.
Adiós Arafat
La muerte de Arafat pone a Sharon en una situación incómoda. Por un lado, él
solió pedir su muerte y ansió dividir a los palestinos en liderazgos locales
para querer pactar la formación de ‘bantustanes’. Por otra parte, la
ausencia de Arafat implicará que ya no habrá un ‘ogro’ contra el cual se
podría vetar un diálogo. Israel podría sufrir más presiones internas y
externas para sentarse a pactar con los palestinos.
Dentro de los palestinos se acentuarán pugnas por ver quien llena el vacío
de quien acaparadoramente controló al movimiento palestino durante casi 4
décadas. En el partido de Arafat (Al Fatah) hay una pugna entre ‘moderados’
y ‘radicales’ mientras los intransigentes islámicos o socialistas que no
quieren reconocer a Israel podrán seguir creciendo.
Paradójicamente la partida de quien Israel antes consideró como su mayor
enemigo terrorista podría acentuar las tensiones internas tanto en ese país
como dentro de los palestinos.
Dos cambios
en el medio oriente
El líder palestino cayó
muy enfermo cuando el parlamento israelí aprobó la retirada de Gaza. Esos
dos hechos, que se han producido simultáneamente por casualidad, pueden
alterar el curso del conflicto hebreo-árabe.
La renuncia a Gaza es también a la idea del ‘Gran Israel’. Implica el inicio
del reconocimiento de cierta soberanía para zonas palestinas. La cuestión
está en saber quien podrá ocupar el liderazgo de un nuevo ente palestino.
Sharon siempre quiso sacar a Arafat del medio. Su defunción animará una
pugna por su sucesión. Al Fatal, el partido de Arafat, tiene un ala proclive
a mayores compromisos con Israel y otra que organiza atentados suicidas.
Sharon prefiere que los palestinos se dividan en varias corrientes y mejor
si éstas se enfrentan entre sí. Los radicales islamistas o izquierdistas
podrán querer sacar provecho del deceso de Arafat para plantear políticas
más agresivas tendientes a ‘reconquistar toda Palestina’.
(*) Bigio ha obtenido grados y postgrados en historia y política
económica. En ésta, considerada la mayor universidad global de ciencias
sociales, él ha enseñado ciencias políticas y administración pública. En
1998 obtuvo el premio Dillons (la principal librería inglesa) a la
excelencia. Es columnista de varios diarios.
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