| A
modo de Editorial
Por Fabián Banga.-
Un
nuevo fin de año nos encuentra unidos como siempre; pero
esta vez, singularmente, en otro contexto, con otros desafíos.
Humildemente hay que reconocer, el Diario ha crecido enormemente
y su bautismo de fuego fue, precisamente, una meta de siempre y
para siempre: cómo nadar los cambios de las nuevas épocas.
Desafió no solamente local, sino inserto en una realidad
global que une San Justo con Ciudad de México, La Matanza
con California. A mediados de año, esta cuadrilla idealista
se propuso salir a ver hasta dónde llegaba en el Internet.
Si bien ya había una página NCO y un Diario de papel,
las limitaciones eran evidentemente nutridas porque sobre todo en
el mundo grafico, ganan los recursos. Pero el Internet es otro mundo
y la meta era, desde un primer momento, esa área virtual. Reconociendo
otros proyectos similares, los intentos locales han sido numerosos
y sin éxitos mayores; pero es bien sabido que en nuestra
cancha, mosca es lo que falta pero quijotismo es lo que sobra.
En
este marco salieron las muchachas y muchachos del diario a mediados
de año. En su salida los rodeaban las miradas burlonas de
los mil y uno, que desde sus free-servers te quieren ver abajo.
Los que desmedran a los "perucas", y se quieren nortear
poniéndole levita a su realidad matancera. Al salir remontando
vuelo, las peleas por insignificancias, fotitos y territorios ridículos
quedaron atrás. La meta era hacer algo que sea generoso,
sólido y con una visión de futuro poco presente en
nuestro territorio. Salieron a buscar la ruta con lo que había
y no con lo que se quería tener. Arremetieron con la exagerada
meta de poder mostrar La Matanza al mundo, darle un lugar, tratarla
como lo que es. Así se tiraron al océano virtual,
en la carabelita NCO, en busca de mares y horizontes. El mensaje
era y es simple: esto es lo que somos tal cual es y se ve. Somos
esto no por fidelidad a un patriotismo maniático, sino por
reconocernos a nosotros mismos. No levantamos banderas self-centered,
sino que nos construimos junto a la foto del Gauchito, con unos
verdes en la mano.
Algunos en su
eterno positivismo líder, cuando despegamos, veían
factible en nuestra página virtual las mil visitas diarias
y aún más. Acepto que yo con la calculadora en la
mano pedía coherencia y cálculo. En meno de dos meses,
las mil visitas diarias de meta se tuvieron que cambiar a dos mil.
Hoy, esa carabelita NCO va en hombro de titanes superando las cuatro
mil visitas diarias y más de 50 mil páginas leídas
por día. Al NCO lo leen desde España hasta Guanajuato,
desde Tokio hasta Valparaíso. No se detiene ni da síntomas
de detenerse. La inclusión del blog fue la jugada audaz que
mezcló la sistematización cotidiana del diario con
la crónica actual personal de los mil bloggers que hoy en
día nutren el Internet. Pero el diseño ya implementado
por diarios como el New York Times, requería un blog interno,
dinámico, interconectado y siempre abierto a la respuesta
pública automática y coherente. Ahí salió
a flote las ganas y los recursos del ingenio. Maravilloso fue ver
como los chicos se adaptaban en su forma de trabajo, y como desde
recursos locales mínimos, se llegó a crear algo que
hoy en día es historia en La Matanza. Cundo hicimos eso,
nos salieron a leer los matanceros desparramados desde todas partes
del mundo. Vinieron a buscar lo que otros no daban, noticia actual,
constante de lo que está pasando en La Matanza. Se agregaron
los RSS feeds y los lectores locales con estas tecnologías
se multiplicaron.
Hoy en día,
guste o no, el NCO, es la ventana a La Matanza. Su apuesta continúa
siendo meter y meter más tecnología y texto, cargar
gratuitamente de información matancera. Contar qué
está pasando ahora mismo, este mismo día en Madero
o Celina, en Ramos o Morón. Cuando se hizo eso, ya no en
el puesto de diarios sino online, la gente vino a buscarlo. Es hora
de que el NCO tome el lugar que le corresponde, el lugar que se
le había predestinado y no había tomado conciencia.
La tecnología con la que estamos saliendo es solamente eso,
un montón de cables que van a estar ahí hoy, mañana
y en cien años. Pero lo que hay que entender es que el NCO
no es tecnología, es gente escribiendo, jugándose
un lugar en la ruleta del tiempo. Es gente local escribiendo sobre
lo local. Sin la menor ayuda gubernamental, sin capitales, sin padrinos,
floreciendo como la madreselva a los costados de la ruta, así
crece y hace historia el NCO.
Por
esto y muchas otras cosas más, siempre, y esto lo comento
en primera persona, me atrajo el NCO. Porque de última es
lo más cercano a Roberto Arlt cuando dice: "Se dice
de mí que escribo mal. Es posible. De cualquier manera, ya
no tendría dificultad en citar a numerosa gente que escribe
bien y a quienes únicamente leen correctos miembros de sus
familias. [...] Han pasado esos tiempos. El futuro es nuestro, por
prepotencia de trabajo. Crearemos nuestra literatura, no conversando
continuamente de literatura, sino escribiendo en orgullosa soledad
libros que encierran la violencia de un 'cross' a la mandíbula.
Sí, un libro tras otro, y 'que los eunucos bufen'. El porvenir
es triunfalmente nuestro." (Roberto Arlt, Prologo de Los
Lanzallamas)


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