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Un año contradictorio
En Almirante Brown predominaron los picos altos, medios y bajos

Se va el 2006 y a la hora de hacer un repaso de lo sucedido en el Club Almirante Brown las conclusiones son bastante ambiguas. Porque a la hora del balance, el parámetro que debe utilizarse para medir si fue malo, regular o bueno es el fútbol e invariablemente hay que caer en analizar la campaña del equipo, porque esa actividad es la motoriza el funcionamiento de la institución, más allá que exista una variada gama de actividades recreativas y culturales y otras disciplinas deportivas.

La primera mitad mostró la peor versión del aurinegro en la faz futbolística. Porque el conjunto orientado por Blas Armando Giunta se mostró como un equipo ciclotímico, que produjo algunas aceptables actuaciones que contrastaron con otras realmente deprimentes y si llegó a la última fecha con chances de clasificar para el octogonal que determinaría el equipo que iba a jugar la Promoción ante Defensa y Justicia (Deportivo Morón perdió increíblemente esa final), fue simplemente porque el certamen fue bastante mediocre y porque por ahí, la categoría individual de algunos futbolistas hizo que se llegara a esa instancia con posibilidades, las que quedaron definitivamente en el camino cuando en el Fragata Presidente Sarmiento, el Gallo del oeste le ganó de manera categórica y lo marginó de ese petit torneo.

No hubo equipo

¿Y el equipo? No hubo tal. Sí un montón de voluntades dispersas, pero muy pocas cosas futbolísticas para destacar. Y no fue que Brown jugara a veces mal y a veces bien, sino que en la mayoría de los partidos no se sabía a qué jugaba, cuál era el patrón de juego o el sistema táctico y estratégico que su técnico le inculcaba a sus jugadores.

Además, un equipo con pretensiones no puede aspirar a nada sino cuenta con un arquero de jerarquía y ante el cortocircuito entre el entrenador y Ezequiel Bustos (marginado del plantel) se optó por traer a Daniel Mielnichuk, un inexperto juvenil de 20 años que llegaba a préstamo de Independiente, y a poco de debutar sus actuaciones mostraron que no daban para hacerse ilusiones, porque por un partido donde bajaba la persiana, luego venían tres o cuatro impresentables y este fue un hecho incontrastable, a tal punto que a mitad de año regresó al Rojo donde llegó a jugar ni siquiera en Reserva.

El fracaso, previsible para la cátedra, no resistía el menor análisis. Se le había errado en las contrataciones y los nuevos jugadores llegados en enero (Daniel Mielnichuk, Héctor Almandoz, Edilio Cardoso y el Betito Carranza) no consiguieron reforzar el equipo. Sólo fue un poker de incorporaciones para hacer valer el cupo de cuatro que permitía el reglamento, pero ni por asomo fueron soluciones y así, sin pena ni gloria, se fue la temporada 2005/06.

Protagonismo y falta de carácter

Doce, sí doce futbolistas llegaron para la nueva temporada que se inició después del Mundial de Alemania. Cristian Campestrini y Hugo Giménez (arqueros); Carlos Zorrilla y Walter Díaz (defensores); Sergio Meza Sánchez, Emanuel Perea, Juan Carlos Zuleta y Hernán Rivero (mediocampistas); Federico Maraschi, Adrián Gerry, Sergio “Zapatilla” Sánchez y Adrián Romero (delanteros) y con un presupuesto que superó los 100 mil pesos, se intentó quedarse con el Apertura.

El equipo fue protagonista desde el mismo inicio del certamen y produjo algunas actuaciones para pensar que el objetivo se podía concretar y si bien jamás mostró una estructura sólida, la seguidilla de victorias y mantenerse entre los puestos de avanzada de la tabla, tapaban algunas falencias que aparecerían luego, cuando en la recta final del campeonato, a la hora de ratificar la chapa de gran candidato frente a rivales directos, se desnudaron algunas cuestiones anímicas y estratégicas que lo llevó a ahogarse justo antes de llegar a la orilla.

El partido bisagra era con Morón en el Francisco Urbano. Brown llegaba con dos puntos de ventaja y una perspectiva inmejorable, porque el empate le servía y ni hablar de un triunfo. Y no estuvo mal que Giunta quisiera sorprender saliendo a ganar el partido. Pero el error estuvo en no tener un plan B, una variante táctica para reemplazar a la primera. Porque lo indicado al ver que no podía vulnerarlo, era armar dos líneas de cuatro y trasladarle el problema al rival, que necesitaba sí o sí ganar para seguir con chances. Pero no, el técnico le pifió y a algunos jugadores les pesó la responsabilidad y mostraron una debilidad anímica asombrosa, borrándose en el partido clave.

Después llegó lo que todos conocemos. La victoria ante Central Córdoba y la definición ante Estudiantes, que ante la derrota del Gallo posibilitó que el Pincha de Caseros se encontrara con el título de ganador del torneo, marginando a un Almirante Brown que mostró todas sus debilidades juntas a la hora de la verdad, cuando hay que poner lo que hay que poner y aunque se pierda, dejar todo, no guardarse nada y refrendar con hechos lo que se dice por radio en la semana.

“En Almirante Brown no salir campeón es un fracaso” es la frase de moda en el entorno mirasol. Y es la pura verdad, porque después de ocho años y medio en la B, ya no hay excusas que conformen a su gente que ahora espera que el altísimo presupuesto alguna vez sea correspondido con jugadores equivalentes a esa inversión.

 

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