| El
crimen de “Piki”
Hizo sonar la alarma del auto de un policía
y le dispararon en la cabeza
El
caso ocurrió hace 8 meses en una calle de San Justo * Desde
entonces están en prisión los cuatro procesados por
la ejecución del joven de 15 años Miguel Cardozo *
El sindicado como autor del disparo se desempeñaba en la
Departamental de La Matanza, otro de los acusados era policía
en un grupo especial de La Plata * La causa avanzó rápidamente
y estaba pronta la elevación a juicio *
Al
adolescente Miguel Eduardo Cardozo, llamado por todos sus conocidos
como Piki, lo asesinaron en San Justo de un balazo en la cabeza,
en mayo de este año, cuando al patear una botellita activó
la alarma del auto de un policía que terminó ejecutándolo
después de maltratarlo y golpearlo con la participación
de otro uniformado y un civil.
Por las características del hecho, habiendo sido sometido
antes de su ejecución a maltratos increíbles a esta
altura de la historia del país cuando parecía que
este tipo de prácticas habían quedado en el pasado,
el caso horrorizó al barrio humilde Almafuerte de San Justo,
donde vivía Miguel, considerado por sus vecinos como un “excelente
muchacho”.
Las marchas
organizadas después por la ciudad, con el acompañamiento
de la APDH local y el párroco del lugar, mostraron la indignación
de sus amigos y vecinos y el profundo desconsuelo de su familia
que desde entonces hasta hoy no ha dejado de recibir amenazas telefónicas,
con amedrentaciones de distinto tenor y hasta reiteradas agresiones
físicas, pese a los constantes cambios de línea y
los custodios personales asignados directamente por el ministro
de Seguridad bonaerense León Arslanián.
El homicidio
del adolescente Miguel Eduardo Cardozo, de 15 años, sucedió
entre la noche del sábado 20 y la madrugada del domingo 21
de mayo. Inmediatamente se libró la detención de los
tres presuntos implicados, dos de ellos oficiales de la policía
bonaerense, y luego dictada la prisión preventiva acusados
de “homicidio calificado por su comisión con alevosía,
abuso de armas, apremios ilegales, vejaciones agravadas e incumplimiento
de deberes de funcionario público, en concurso real”,
mientras que el tercer implicado en calidad de partícipe.
La investigación
judicial, seguida por los fiscales Elpidio González y Silvana
Breggia de la UFI N° 2, marchó a paso acelerado. Con
la prisión preventiva firme para los acusados, ahora la causa
estaría próxima a ser derivada a juicio.
A Piki sólo
le faltaba dos meses para ingresar al Ejército ni bien cumpliera
los 16 años; quería llegar a ser militar como su tío,
pero sus sueños quedaron truncos cuando junto a otros jóvenes
salieron de un local de juegos electrónicos, ubicado en la
calle Jujuy al 4500 de San Justo, y sucedió lo inesperado.
El grupo de
chicos venía pateando una botella de plástico hasta
que en un momento dado golpeó contra un automóvil
que estaba estacionado, por lo que se accionó la alarma.
El propietario
del vehículo y otras dos personas que estaban en su casa
salieron a la calle. Asustados, los pibes huyeron corriendo, pero
Piki, a quien su madre le aconsejaba no escapar en ese tipo de situaciones,
se quedó e intentó explicarles lo sucedido.
Sin resultarles
convincente, los hombres habrían comenzado a golpearlo por
alrededor de veinte minutos, según se supo por varios testigos;
lo arrastraron por el suelo y mantuvieron allí una hora,
después, mientras se hallaba arrodillado en el piso, uno
de ellos le descerrajó un tiro en la nuca.
Está
sindicado autor del disparo el oficial de la Policía provincial
Mariano Luis Arn, de 28 años, propietario del vehículo
cuya alarma sonó y desencadenó la tragedia. En tanto
sus dos acompañantes, el policía bonaerense Cristian
Andrés García, de 23 años, acusado de coautor
del crimen, y el colectivero Félix Víctor Alvarez,
con un cargo más atenuado, de partícipe secundario.
Uno
de los uniformados se desempeñaba en la Departamental de
La Matanza, el otro en un grupo especial de La Plata. Al momento
del hecho se supo que ambos pertenecían a la Unidad de Inspección
Preventiva, la cual cumplía tareas de apoyo a los distintos
grupos que conforman la Policía distrital, en procedimientos
complejos y de alta peligrosidad. Con su situación procesal
comprometida, fueron expulsados de la fuerza por orden del Ministerio
de Seguridad. Según comentaron desde la familia de la víctima,
Arslanián se mostró acongojado cuando los recibió
y les transmitió su intención de que haría
lo que estuviese a su alcance para que el caso tuviera una rápida
resolución.
Amenazas
después de la muerte
Los
días que siguen a la pérdida de un ser querido, ya
no se viven de la misma manera. En el caso de los familiares de
Piki, sobrellevan esta ausencia en medio de permanentes amenazas
que en un principio estaban dirigidas a generarles miedo y perjudicar
el avance en el esclarecimiento de la causa.
Recientemente,
su madre, Cristina Beatriz Vega, recibió una cuarta agresión
mientras se dirigía a su trabajo en Capital Federal. En esta
última oportunidad la habrían intentado lastimar dos
hombres y una mujer en un vehículo que la sorprendieron.
El anterior
atentado sucedió estando la mujer alojada en un centro para
asistencia de las víctimas, dependiente del gobierno provincial,
sin su custodia personal por decisión propia. El agresor
le produjo varias heridas en una pierna, en brazos y el torso. Cristina
lo pudo identificar como el mismo sujeto que la interceptó
en San Justo junto a otro individuo para amenazarla, y que describió
en el identikit aportado en aquella ocasión.
El segundo
ataque le ocurrió al salir al patio trasero de su casa, mientras
dos gendarmes permanecían de consigna custodiando la entrada
del domicilio, en el barrio Almafuerte de San Justo. Allí,
un hombre encapuchado le provocó dos lesiones leves en el
rostro y en el abdomen.
También
su hermano, Jorge Vega, sufrió una intimidación. Caminando
en dirección a su casa, en Parque Chacabuco, fue interceptado
por un vehículo con tres ocupantes, uno de los cuales vestía
uniforme policial y apuntándole con un arma le ordenó
entre insultos que se quedara quieto. La madre de los Vega (abuela
de Miguel) fue otra familiar que recibió amenazas de un extraño
mientras caminaba en la calle.
Estos
lamentables incidentes, además de las casi diarias extrañas
llamadas telefónicas, no han conseguido acobardar sus esperanzas
de que sea ajusticiada cuanto antes la cruel muerte de Piki y así
aplacar en cierto modo el tremendo dolor de su desaparición.

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