| Caso
Tonchy
Una muerte sin razón, un ex cabo condenado
y varios policías bonaerenses por investigar
Osvaldo
Pascual Gómez fue encontrado culpable del homicidio del joven
Gastón Flores, ocurrido hace casi cinco años durante
un procedimiento donde intervinieron varios efectivos más
de la Bonaerense * A lo largo del juicio largamente esperado, se
puso de manifiesto las sospechas sobre el falseamiento de pruebas,
mentiras y encubrimiento policial que se presumieron desde el inicio
de la causa * Se mandó investigar si hubo comisión
de delitos de acción pública *
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El
día de la sentencia. la madre de Tonchy no esconde
su llanto |
El
ex policía bonaerense Osvaldo Pascual Gómez, fue sentenciado
a la pena de 20 años de prisión por haber sido el
ejecutor del escopetazo que dio muerte al joven Gastón Flores
“Tonchy” hace cinco años en La Tablada, en el
juicio en octubre último donde se ventiló también
la participación en torno a este crimen de otros funcionarios
policiales, quienes llegarían a ser investigados.
El veredicto
condenatorio dictado por el Tribunal en lo Criminal N° 2, promulgado
el 17 de octubre, cayó como un bálsamo al sufrimiento
de los padres, hermanos y demás familiares de Gastón.
Además de suscitar la satisfacción de las Madres de
La Matanza contra la Impunidad -asociación que integra Patricia
de Flores, madre de Tonchy- quienes después de tanto tiempo
de marchar por las calles pidiendo justicia proyectaron en este
caso la esperanza de resolución favorable de todas las causas
por los crímenes de sus hijos que aguardan juicio.
Las sospechas
al comienzo del proceso, allá por 2003, de tratarse de una
causa teñida de abusos de autoridad y corrupción policial,
se fueron confirmando con los testimonios expuestos en las audiencias
de debate.
La madrugada
del 3 de marzo 2002, Tonchy -como lo llamaban sus seres queridos-
encontró su fatal destino sin buscarlo. El sencillo y trabajador
pibe de barrio que acababa de cumplir 23 joviales años, regresaba
de bailar junto a dos amigos a bordo de un Fiat Uno, cuando se detuvieron
en un semáforo en rojo en la esquina de Arieta y avenida
Crovara; allí empezó la pesadilla que creían
estar soñando.
En
ese lugar había una camioneta blanca abandonada, detrás
de la cual apareció el ex policía Gerardo Rodolfo
“Turco” Azame, vestido de civil, que habría apuntado
con un arma de fuego a los jóvenes.
Asustados, los
tres muchachos abandonaron el lugar a toda velocidad mientras que
fueron atacados a balazos desde atrás, presuntamente por
Azame -aunque esto no quedó probado- y también por
tres policías (Montenegro, Barrionuevo y el imputado Pascual
Gómez) que en ese momento en un móvil del Comando
de Patrullas de La Matanza los comenzaron a perseguir porque así
se los había indicado el “Turco”, según
declaró en el juicio Gómez.
En varias oportunidades,
se sindicó al ex integrante de la Brigada de Investigaciones
de La Matanza, Gerardo Azame, quien en ese entonces estaba de custodio
en una estación de servicio cercana al lugar del crimen,
como el que inició los disparos contra Gastón Flores
y sus amigos y ordenó su persecución.
En
este sentido, el defensor oficial de Gómez, Marcelo Sansone,
alegó que el trágico final de Flores se desencadenó
con el accionar de Azame. “Es la piedra angular, el que empezó
los disparos”, afirmó.
A
unas cuadras de allí, la víctima y sus amigos detuvieron
la marcha y descendieron del automóvil con las manos en alto,
pero Tonchy había sido herido en la espalda durante la balacera
y apenas habría podido levantarlas. En ese instante, sin
ningún tipo de reparo, Pascual Gómez le disparó
con su escopeta Mag Tech en el estómago.
Al declarar
en la causa, Gómez aseguró que “hubo un enfrentamiento”
y que “creía que la víctima estaba armada”.
Una vez avanzado el juicio, pidió ampliar su declaración
y cambió su versión; manifestó que al inicio
de la causa había estado mal asesorado por su anterior abogado
defensor, que en realidad no había habido tal enfrentamiento,
que a Tonchy lo mató porque se le escapó el disparo
pensando que el joven estaba por sacar un arma.
Para la defensa
del acusado, el homicidio se debió a que hubo en Gómez
un “exceso de la legítima defensa”, y propuso
al Tribunal la aplicación de la teoría de la existencia
de error en la actitud de su asistido, para así computársele
una pena menor de la solicitada por la Fiscalía, en 22 años
de prisión, mientras que los abogados de la parte damnificada,
Paula Squassi y Gabriel Craham, en 25 años.
“Acá
quedó claro que desde el coche los jóvenes no tiraron;
el arma no existió, la plantaron, entonces no hay agresión,
no hay legítima defensa y no puede haber exceso”, expuso
en su alegato el fiscal de juicio Eduardo Castelli.
Toda
la mentira
Lo transcurrido
tras el escopetazo mortal no quedó totalmente esclarecido
para la Justicia, debido a las distintas y contradictorias versiones
que sí pudieron dejar al descubierto el encubrimiento policial
por parte de personal de la comisaría de La Tablada, del
Comando de Patrullas local y hasta de peritos para falsear un presunto
tiroteo de los uniformados con los tres jóvenes, plantando
una pistola y balas en el auto de los muchachos quienes siquiera
sabían identificar un arma. Además, los amigos de
la víctima denunciaron haber sido maltratados al momento
de la detención arbitraria por los policías que actuaron
en el operativo.
Las innumerables
irregularidades ventiladas en este proceso judicial, dieron lugar
a que los jueces José Antonio Leche, Graciela De Palo y Arturo
Gavier, ordenaran extraer copia de todo lo actuado en el juicio,
para que se disponga una futura investigación de la actuación
de varios funcionarios policiales esa madrugada del 3 de marzo 2002
que tendrían también algún tipo de responsabilidad
alrededor del hecho.
El ex cabo primero
Pascual Gómez, que en la última audiencia, antes de
la sentencia, pidió perdón y optó no presenciar
su condena, resultó ser el único culpable directo
de dar muerte a Gastón Flores, pero otras responsabilidades
recaerán sobre quienes mintieron y taparon.


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