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Mañana se cumple un año de la tragedia
República
de Cromañón: combinación mortal de negligencia
y corrupción
El
30 de diciembre de 2004 comenzaba a escribirse una de las páginas
más tristes de la historia Argentina * 193 personas perdían
absurdamente sus vidas, mientras que sus seres queridos comenzaban
una incansable lucha con un sólo pedido: Justicia *
Era
el penúltimo día del año 2004. Hora de balances,
de cerrar ciclos, etapas y esperar con ansias sólo un día
más para empezar todo de nuevo. Nuevos proyectos, nuevos
trabajos, nuevos amores, nuevos compañeros en el cole, en
la facu. Sólo faltaba un día más.
Sin embargo, el destino, la corrupción y una cadena de responsabilidad
y negligencia interminable, no pudieron esperar para comenzar a
escribir, ese 30 de diciembre, una de las páginas más
tristes de la historia Argentina.
Un lugar: Republica de Cromañon. Una banda: Callejeros. Una
tragedia: 193 niños, adolescentes, hombres, mujeres muertos
en el incendio desatado por una bengala encendida en el momento
y lugar equivocado. Muy equivocado.
Esa noche el incendio ocurrido en el mini estadio de Once en Capital
Federal significó, además, una oleada de nuevas medidas
de seguridad que modificaron el escenario de boliches, bares, restaurantes,
teatros, cines, shoppings, etcétera, en el intento de prevenir
que se produzca otra tragedia tremendamente anunciada, como la que
acababa de ocurrir.
Luego del hecho se fueron conociendo detalles que potenciaban al
máximo el dolor y la bronca. Sólo una semana antes
de aquel 30 de diciembre, un principio de incendio había
suspendido por un momento el recital de la banda Jóvenes
Pordioseros en República de Cromañón. “Sabemos
que podría habernos pasado a nosotros”, diría
días después el cantante del grupo, que fue un poco
más afortunado que la banda de Villa Celina.
Que el lugar no estaba habilitado para las casi 4 mil personas que
allí había sino para mucho menos de la mitad. Que
la puerta que debía oficiar como salida de emergencia tenia
candado y que el propio Omar Chabán, dueño del miniestadio
preso hoy en el penal de Marcos Paz, advirtió minutos antes
de que comience el show, que no prendan bengalas, “porque
nos vamos a prender fuego”.
La advertencia se cumplió. Sólo había pasado
poco más de un minuto, cuando Callejeros dejó de tocar
y comenzaron las corridas, los gritos y la desesperación
por salir con vida del lugar. Las victimas no cayeron por el fuego,
sino ante la inhalación de los gases mortalmente tóxicos
emanados por los materiales (que no eran ignífugos) con que
el techo del boliche estaba recubierto.
La Matanza perdía esa noche a más de 30 chicos, chicas,
adolescentes, estudiantes, trabajadores, hijos, compañeros,
padres, novios, novias, enamorados. Familias desvastadas, grupos
de amigos quebrados por el dolor. Para todos ellos el 30 de diciembre
será sinónimo de dolor, bronca, impotencia, pérdida,
desgracia, corrupción, castigo.
Pero a la mezcla de esos indeseables sentimientos para cualquier
ser humano, se le suma la lucha constante porque no se olvide, porque
las cosas cambien, porque no se repita jamás y porque las
193 almas que ya no están, algún día (no muy
lejano), descansen en paz.

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