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“Cuando los sumisos y obsecuentes más se someten al poder para buscar supuestos beneficios, más el poder los humilla y los desprecia. El poder desprecia la obsecuencia siempre y obtiene placer en humillar a los sumisos”. (Shakespeare, 1611)



 







Mañana se cumple un año de la tragedia
República de Cromañón: combinación mortal de negligencia y corrupción

El 30 de diciembre de 2004 comenzaba a escribirse una de las páginas más tristes de la historia Argentina * 193 personas perdían absurdamente sus vidas, mientras que sus seres queridos comenzaban una incansable lucha con un sólo pedido: Justicia *

Era el penúltimo día del año 2004. Hora de balances, de cerrar ciclos, etapas y esperar con ansias sólo un día más para empezar todo de nuevo. Nuevos proyectos, nuevos trabajos, nuevos amores, nuevos compañeros en el cole, en la facu. Sólo faltaba un día más.
Sin embargo, el destino, la corrupción y una cadena de responsabilidad y negligencia interminable, no pudieron esperar para comenzar a escribir, ese 30 de diciembre, una de las páginas más tristes de la historia Argentina.
Un lugar: Republica de Cromañon. Una banda: Callejeros. Una tragedia: 193 niños, adolescentes, hombres, mujeres muertos en el incendio desatado por una bengala encendida en el momento y lugar equivocado. Muy equivocado.
Esa noche el incendio ocurrido en el mini estadio de Once en Capital Federal significó, además, una oleada de nuevas medidas de seguridad que modificaron el escenario de boliches, bares, restaurantes, teatros, cines, shoppings, etcétera, en el intento de prevenir que se produzca otra tragedia tremendamente anunciada, como la que acababa de ocurrir.
Luego del hecho se fueron conociendo detalles que potenciaban al máximo el dolor y la bronca. Sólo una semana antes de aquel 30 de diciembre, un principio de incendio había suspendido por un momento el recital de la banda Jóvenes Pordioseros en República de Cromañón. “Sabemos que podría habernos pasado a nosotros”, diría días después el cantante del grupo, que fue un poco más afortunado que la banda de Villa Celina.
Que el lugar no estaba habilitado para las casi 4 mil personas que allí había sino para mucho menos de la mitad. Que la puerta que debía oficiar como salida de emergencia tenia candado y que el propio Omar Chabán, dueño del miniestadio preso hoy en el penal de Marcos Paz, advirtió minutos antes de que comience el show, que no prendan bengalas, “porque nos vamos a prender fuego”.
La advertencia se cumplió. Sólo había pasado poco más de un minuto, cuando Callejeros dejó de tocar y comenzaron las corridas, los gritos y la desesperación por salir con vida del lugar. Las victimas no cayeron por el fuego, sino ante la inhalación de los gases mortalmente tóxicos emanados por los materiales (que no eran ignífugos) con que el techo del boliche estaba recubierto.
La Matanza perdía esa noche a más de 30 chicos, chicas, adolescentes, estudiantes, trabajadores, hijos, compañeros, padres, novios, novias, enamorados. Familias desvastadas, grupos de amigos quebrados por el dolor. Para todos ellos el 30 de diciembre será sinónimo de dolor, bronca, impotencia, pérdida, desgracia, corrupción, castigo.
Pero a la mezcla de esos indeseables sentimientos para cualquier ser humano, se le suma la lucha constante porque no se olvide, porque las cosas cambien, porque no se repita jamás y porque las 193 almas que ya no están, algún día (no muy lejano), descansen en paz.



La Edición Digital del diario NCO, está dedicada a la memoria   de Antonio Mamerto Gil ("El Gauchito Gil") en reconocimiento a las gracias concedidas.

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