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Un
hecho histórico para no olvidar
La UNLaM recordó el juicio a las juntas
La
Universidad Nacional de La Matanza brindó durante todo el
año una variada gama de actividades * Miles de estudiantes
se conectaron con distintos hechos * Entre los temas se destacó
la disertación de cuatro de los seis jueces que llevaron
adelante el juicio a las Juntas Militares *
Durante
el mes de abril; el denominado Patio de las Banderas de la Universidad
Nacional de La Matanza se vio colmado cuando alumnos de la carrera
de abogacía se aprestaron a escuchar atentamente durante
varios minutos a cuatro de los seis ex camaristas que estuvieron
a cargo del Juicio a las Juntas Militares hace ya 20 años.
Fue durante un seminario en el que los ex magistrados Ricardo Gil
Lavedra, Guillermo Ledesma, Jorge Edwin Torlasco y Jorge Valerga
Aráoz (no pudieron concurrir el actual ministro bonaerense
León Arslanián ni Andrés D’Alesio) reflexionaron
acerca de datos precisos y sensaciones personales como partícipes
de uno de los hechos más trascendentes de la historia argentina
reciente.
La jornada fue organizada por el flamante Departamento de Derecho
y Ciencias Políticas de la Casa de Altos Estudios local a
cargo Alejandro Finocchiaro, quien al iniciar los discursos dijo:
“Todas las sociedades salen de sus dictaduras como pueden
y no como quieren, en el caso de Argentina la sociedad tomó
la valiente decisión de juzgar por sí misma a quienes
habían inflingido el orden nacional y habían integrado
la dictadura más despiadada de América Latina”.
Los integrantes del tribunal que juzgó a los comandantes
militares que encabezaron acciones terroristas en la última
dictadura militar, se dirigieron a cientos de jóvenes que
en el momento de concretadas las audiencias no habían nacido
o tenían corta edad.
El ex magistrado Guillermo Ledesma fue categórico al asegurar
que durante el último proceso militar “se instauró
una tiranía que conculcó libertades, violó
derecho humanos y nos involucró en una guerra que no tenía
posibilidad alguna de triunfo, lo que lo llevó finalmente
a convocar elecciones”.
Además, resaltó el hecho de comprobar “de una
manera incuestionable del terror oculto y subterráneo que
vivía la sociedad argentina en ese entonces” y calificó
de “verdaderos héroes” a los testigos que declararon
en el juicio: “ellos, a cara descubierta, declararon lo que
personalmente habían sufrido o lo que habían sufrido
sus familiares más cercanos, teniendo en cuenta que en ese
momento la democracia no estaba asegurada”.
En otro tramo de su alocución Ledesma aseveró: “me
impresionó mucho el discurso esquizofrénico de las
defensas ya que no reconocieron la comisión de los hechos,
no aceptaron su autoría intelectual pero, sin embargo, todos
los defensores y todos los alegatos de los imputados sostuvieron
esto es una guerra y en la guerra no hay leyes. Obviamente el tribunal
de derecho consideró que había leyes que regían
expresamente”.
El ex camarista manifestó estar “orgulloso de haber
contribuido con esta obra más allá que los resultados
penales con el correr del tiempo se han ido enervando hasta desaparecer”
y argumentó que “la catarsis social que significó
el juicio acarreó que nunca más se discutiera la existencia
de los hechos”.
Por su parte, Gil Lavedra indagó sobre el contexto histórico
y la revisión de los hechos al tiempo que destacó
“las enormes dificultades tanto legales como materiales a
las que se enfrentaron los jueces para enjuiciar a los comandantes
cuando no habían, de propia mano, ni torturado, ni secuestrado,
ni matado”.
Además remarcó el esfuerzo de “adecuar las normas
del código de justicia militar -que era la que tenía
que emplear la cámara- para tratar de garantizar el debido
proceso y se pudiera llegar a su culminación”.
Consideró además que el de las Juntas Militares “no
significó solamente un juicio por violaciones gravísimas
a derechos humanos sino que significó también un enjuiciamiento
a las dictaduras, lo que lo constituye como una bisagra en el crecimiento
de la democracia argentina”.
Fue Torlasco quien destacó el trabajo de la Conadep en la
acumulación de pruebas -que publicó sus conclusiones,
que sirvieron para la acusación, en el libro "Nunca
Más"- y la tarea de la fiscalía federal que entonces
encabezaba Julio Strassera.
Quién también subrayó la participación
de los testigos fue Jorge Valerga Aráoz, que a su vez colocó
al juicio como un límite entre un antes y un después
en su vida: "Yo no soy el mismo que era antes” dijo y
agregó que en lo profesional “me hizo redefinir el
significado de los derechos humanos. En eso me marcó y he
tratado y trato de evitar que algo así vuelva a ocurrir."

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