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“Cuando los sumisos y obsecuentes más se someten al poder para buscar supuestos beneficios, más el poder los humilla y los desprecia. El poder desprecia la obsecuencia siempre y obtiene placer en humillar a los sumisos”. (Shakespeare, 1611)


“Me cuesta entender una revolución social encabezada por los inversores en dólares. Pido permiso para sentir más simpatía por los que ni cacerolas tienen". Alejandro Dolina




 

Un hecho histórico para no olvidar
La UNLaM recordó el juicio a las juntas


La Universidad Nacional de La Matanza brindó durante todo el año una variada gama de actividades * Miles de estudiantes se conectaron con distintos hechos * Entre los temas se destacó la disertación de cuatro de los seis jueces que llevaron adelante el juicio a las Juntas Militares *

Durante el mes de abril; el denominado Patio de las Banderas de la Universidad Nacional de La Matanza se vio colmado cuando alumnos de la carrera de abogacía se aprestaron a escuchar atentamente durante varios minutos a cuatro de los seis ex camaristas que estuvieron a cargo del Juicio a las Juntas Militares hace ya 20 años.
Fue durante un seminario en el que los ex magistrados Ricardo Gil Lavedra, Guillermo Ledesma, Jorge Edwin Torlasco y Jorge Valerga Aráoz (no pudieron concurrir el actual ministro bonaerense León Arslanián ni Andrés D’Alesio) reflexionaron acerca de datos precisos y sensaciones personales como partícipes de uno de los hechos más trascendentes de la historia argentina reciente.
La jornada fue organizada por el flamante Departamento de Derecho y Ciencias Políticas de la Casa de Altos Estudios local a cargo Alejandro Finocchiaro, quien al iniciar los discursos dijo: “Todas las sociedades salen de sus dictaduras como pueden y no como quieren, en el caso de Argentina la sociedad tomó la valiente decisión de juzgar por sí misma a quienes habían inflingido el orden nacional y habían integrado la dictadura más despiadada de América Latina”.
Los integrantes del tribunal que juzgó a los comandantes militares que encabezaron acciones terroristas en la última dictadura militar, se dirigieron a cientos de jóvenes que en el momento de concretadas las audiencias no habían nacido o tenían corta edad.
El ex magistrado Guillermo Ledesma fue categórico al asegurar que durante el último proceso militar “se instauró una tiranía que conculcó libertades, violó derecho humanos y nos involucró en una guerra que no tenía posibilidad alguna de triunfo, lo que lo llevó finalmente a convocar elecciones”.
Además, resaltó el hecho de comprobar “de una manera incuestionable del terror oculto y subterráneo que vivía la sociedad argentina en ese entonces” y calificó de “verdaderos héroes” a los testigos que declararon en el juicio: “ellos, a cara descubierta, declararon lo que personalmente habían sufrido o lo que habían sufrido sus familiares más cercanos, teniendo en cuenta que en ese momento la democracia no estaba asegurada”.
En otro tramo de su alocución Ledesma aseveró: “me impresionó mucho el discurso esquizofrénico de las defensas ya que no reconocieron la comisión de los hechos, no aceptaron su autoría intelectual pero, sin embargo, todos los defensores y todos los alegatos de los imputados sostuvieron esto es una guerra y en la guerra no hay leyes. Obviamente el tribunal de derecho consideró que había leyes que regían expresamente”.
El ex camarista manifestó estar “orgulloso de haber contribuido con esta obra más allá que los resultados penales con el correr del tiempo se han ido enervando hasta desaparecer” y argumentó que “la catarsis social que significó el juicio acarreó que nunca más se discutiera la existencia de los hechos”.
Por su parte, Gil Lavedra indagó sobre el contexto histórico y la revisión de los hechos al tiempo que destacó “las enormes dificultades tanto legales como materiales a las que se enfrentaron los jueces para enjuiciar a los comandantes cuando no habían, de propia mano, ni torturado, ni secuestrado, ni matado”.
Además remarcó el esfuerzo de “adecuar las normas del código de justicia militar -que era la que tenía que emplear la cámara- para tratar de garantizar el debido proceso y se pudiera llegar a su culminación”.
Consideró además que el de las Juntas Militares “no significó solamente un juicio por violaciones gravísimas a derechos humanos sino que significó también un enjuiciamiento a las dictaduras, lo que lo constituye como una bisagra en el crecimiento de la democracia argentina”.
Fue Torlasco quien destacó el trabajo de la Conadep en la acumulación de pruebas -que publicó sus conclusiones, que sirvieron para la acusación, en el libro "Nunca Más"- y la tarea de la fiscalía federal que entonces encabezaba Julio Strassera.
Quién también subrayó la participación de los testigos fue Jorge Valerga Aráoz, que a su vez colocó al juicio como un límite entre un antes y un después en su vida: "Yo no soy el mismo que era antes” dijo y agregó que en lo profesional “me hizo redefinir el significado de los derechos humanos. En eso me marcó y he tratado y trato de evitar que algo así vuelva a ocurrir."




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