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El polémico caso de los Belizán
Por una mancha de remolacha estuvieron casi cuatro
años presos acusados de asesinato
Un hombre y su hijo fueron acusados en 2001 del homicidio de una
mujer * Les encontraron una mancha que aparentaba ser sangre y los
detuvieron * La supuesta principal prueba del delito resultó
ser una mancha de remolacha * Este año, tras el juicio, los
dejaron libres * Fue el cuarto caso registrado del 2005 en que la
Justicia se equivocó *
El
21 de noviembre de 2001, Miguel Ángel y Carlos Eduardo Belizán
viajaban por la ruta 21 a la altura de la localidad de Ciudad Evita
y pararon porque vieron a una persona tirada a un costado. Lo que
siguió fue un calvario de cuatro años de prisión
que culminó recién cuando en el juicio quedó
demostrado que, otra vez, se trató de un grave error de la
Justicia.
Padre e hijo fueron absueltos a mediados de este año por
el Tribunal Oral en lo Criminal 1 de La Matanza, luego de escuchar
el alegato del fiscal de juicio Guillermo Rafaniello, que aseguró
que no se encontró evidencia contra los detenidos y criticó
la actuación policial.
Los Belizán fueron detenidos el 7 de diciembre de 2001 bajo
las sospechas de haber degollado y violado a Liliana Emilse Torres,
de 28 años. El caso se inició el 22 de noviembre de
ese año cuando hallaron el cadáver de esa joven a
un costado de la ruta 21, a metros de la Rotonda Querandí,
en Ciudad Evita, que después se constató era oriunda
de Balcarce y se dedicaba a la prostitución.
Para imputarlos, la policía y la fiscal de Instrucción
Belén Casal Gato, se basaron en los testimonios de tres testigos
de identidad reservada. Además tuvieron en cuenta unas marcas
que presentaba la víctima en una de las nalgas -una especie
de cuadriculado similar a cajones que se utilizan en el Mercado
Central, donde trabajaban Miguel Ángel y Carlos Belizán-
y una mancha hallada en la camioneta de los acusados, que luego
se estableció era de remolacha.
Procesados por ese crimen, pasaron tres años y medio en prisión
hasta que en junio último se inició el juicio oral
donde, finalmente, se determinó que quedó “totalmente”
probado que padre e hijo fueron “acusados injustamente”.
Si bien Miguel Ángel y Carlos pudieron preservarse de los
peligros de la cárcel porque tuvieron la posibilidad de estar
alojados en el pabellón de evangélicos, en Olmos,
ellos manifestaron que “fue muy difícil ver todo lo
que allí pasaba”.
Desde que los Belizán fueron encarcelados nunca pudieron
comprender por qué estaban allí, y subsistir encerrados
y en medio de esa incertidumbre fue una pesada carga no sólo
para ellos sino que requirió de un gran esfuerzo del resto
de la numerosa y humilde familia.
“En casa somos once hermanos, además de papá
y mamá, y una vez que fuimos detenidos, mis hermanos menores
que en ese entonces tenían entre 12 y 14 años, tuvieron
que dejar los estudios para poder laburar y poder comer y darnos
de comer a nosotros en el penal”, relató emocionado
Carlos cuando salió libre.

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