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La
Justicia resolvió el caso como homicidio en riña
El asesinato de Lucena fue juzgado pero la sospecha
sobre la Policía sigue latente
Los
tres acusados de matar en 2004 a Diego Lucena a la salida de una
bailanta, fueron condenados a tres años y medio de prisión
* El cuarto imputado, recibió una pena de tres años
y dos meses por encubrimiento * El Tribunal desestimó la
participación policial denunciada por la familia del joven
asesinado * Los Lucena repudiaron el fallo y siguen apuntando a
la Policía por el crimen y a funcionarios judiciales como
cómplices *
Con
el veredicto condenatorio a los cuatro jóvenes procesados
por la muerte de Diego Lucena, para la Justicia quedó resuelto
el crimen. Aunque la familia repudió todo el proceso e insiste
con las graves acusaciones que mantuvieron desde el hecho, en junio
de 2004: que el muchacho fue víctima de un complot policial
y de un encubrimiento judicial.
En el banquillo estuvieron los jóvenes Carlos “Cali”
Alcañán, José “Peque” Brito y Walter
“Waly” Sadías, encontrados coautores de la golpiza
que mató a Lucena, y Martín Brítez, culpable
de encubrimiento y falso testimonio.
Las penas impartidas por el Tribunal Oral en lo Criminal 4 de La
Matanza fueron leves. Los tres jóvenes acusados del matar
a golpes de Diego Lucena, a la salida de la bailanta Invasión
Tropical de Isidro Casanova, recibieron condenas de hasta tres años
y medio de prisión, mientras que al cuarto acusado como encubridor,
le asignaron tres años y dos meses.
Es que los jueces Franco Fiumara, Gerardo Gayol y Jorge Multedo,
los halló penalmente responsables del delito de “homicidio
en riña con autores ignorados”, al no poder determinar
quién de ellos fue el ejecutor.
Los integrantes de este Tribunal desestimaron la posible participación
policial en el crimen, al establecer que el ataque callejero del
que resultó víctima Diego fue producto de una pelea
entre jóvenes que se había iniciado antes en el interior
del boliche.
El juicio se inició el 28 de noviembre último en la
unidad carcelaria del partido bonaerense de Ituzaingó, situada
en Peredo al 3000, lo que se decidió por cuestiones de seguridad,
pero no vinculadas con los imputados, sino con el padre de la víctima,
Roberto Lucena.
El hombre siempre encabezó las numerosas marchas para reclamar
que se investigue a policías como responsables directos del
asesinato, y hasta para pedir por la libertad de los acusados que
detuvo la Justicia. Una de las movilizaciones terminó en
incidentes cuando manifestantes incendiaron el local Invasión
Tropical y rompieron un patrullero.
Al debate no asistió ningún integrante de la familia
Lucena, que al segundo día de iniciado el juicio decidió
retirarse como particular damnificada, ya que sostiene firmemente
que a Diego lo mató la policía y, por ende, no estuvo
de acuerdo con la acusación impulsada por el fiscal Gustavo
Banco, a quien lo acusaron de “cómplice” junto
a otros funcionarios judiciales que intervinieron en la causa.
Los familiares sostienen su versión aferrados a lo manifestado
por uno de los testigos (uno de los tres jóvenes que ese
fin de semana fue a bailar junto a Diego) que declara que a Lucena
lo sacan por la puerta de atrás del local bailable, sale
corriendo y detrás lo siguen dos patrulleros.
Por este motivo, el último 6 de diciembre, cuando se dio
a conocer el veredicto, el Tribunal 4 ordenó que se remitan
copias de la causa a la sede de la Fiscalía General Departamental,
con el fin de que se investigue si Roberto Lucena, cometió
falso testimonio al denunciar que a su hijo lo mató la Policía
por ser militante.
Lucena padre rechazó el fallo y el pedido de investigación
en su contra y aseguró que su hijo era “un dirigente
social” y que como tal trabajó tiempo atrás
en la Corriente Clasista y Combativa, mientras que al momento de
ser asesinado militaba en el Frente de Trabajadores Combativos de
Gregorio de Laferrere.
Empedernidos en sostener la hipótesis de una “conspiración
mafiosa”, como dicen, entre policías y Justicia; la
familia, amigos y vecinos de Diego Lucena, volvieron a marchar por
las calles de San Justo, una vez finalizado el juicio, para manifestar
su repudio a la resolución de este caso que pareciera tener
un final abierto.

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