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El caso movilizó a toda una barriada
Pena
máxima para joven que violó y mató a una nena
y después simuló buscarla
El
atroz hecho ocurrió en 2002 y en septiembre de este año
lo condenaron a cadena perpetua * La víctima tenía
cinco años y estaba desaparecida * Pero en realidad un vecino
la había matado tras ultrajarla * El asesino fingió
interesarse por encontrarla en medio de cientos de vecinos que buscaban
a la chiquita por todo un barrio en Virrey del Pino * Sostuvo la
mentira hasta que descubrieron el cuerpo en un techo de machimbres
de su casa *
El 9 de agosto de 2002, alrededor de 200 vecinos de Virrey del Pino
se juntaron para buscar a María Soledad Leguiza -una nena
de cinco años que había desaparecido del patio de
su casa mientras jugaba- sin llegar a suponer que el sujeto que
resultó ser el asesino de la pequeña estaba entre
ellos.
A tres años del atroz episodio, el último 12 de septiembre
el Tribunal en lo Criminal 3 de La Matanza, a cargo de Liliana Logroño,
Jorge Fabián Van Staden y José Antonio Lecce, encontró
al joven Jorge Adrián Acuña culpable de “abuso
sexual agravado con acceso carnal y homicidio agravado” y
lo condenó a reclusión perpetua.
Acuña, de 20 años, que era vecino de la chiquita,
había inventado una falsa historia para ocultar que violó
a la nena de tan sólo cinco años, la asfixió
y luego la escondió en un entretecho de madera de su casa.
El aberrante episodio se desencadenó en la tarde de aquel
9 de agosto cuando María Soledad Leguiza desapareció
del patio de su casa donde había estado jugando.
Como su madre no la encontró allí cuando fue a llamarla
para tomar la leche, salió a buscarla desesperada por el
barrio. Un vecino le dijo que Jorge Acuña había mandado
a la nena a comprar cigarrillos; entonces, la mujer se dirigió
a la casa de este joven -frente a su propia vivienda- quien le confirmó
la versión.
Desde ese momento el muchacho inició su farsa: Acompañó
a la mujer a golpear la puerta de cada vecino y después hasta
la comisaría de Virrey del Pino para hacer la denuncia.
Incluso, el joven vecino subió a bordo de un patrullero junto
a la madre de la chiquita para buscarla. Mientras tanto, la gente
de esa localidad salía a recorrer los diferentes barrios
alertando a los demás pobladores sobre la desaparición
de María Soledad.
Una coartada tras otra
La
historia pergeñada por Acuña se sostenía hasta
que las primeras sospechas en su contra surgieron cuando se supo
que la nena nunca había llegado hasta el quiosco mencionado
por el asesino. Además, resultaba curioso que durante los
rastreos los canes no se movían de la cuadra en la que se
encontraba la casa de la pequeña.
Después, descubrieron manchas rojas en su zapatilla, a lo
cual argumentó que se trataba de manchas de sangre porque
se había cortado con un pela papas.
Acorralado, el muchacho improvisó otra farsa, intentó
desviar la atención culpando a otra persona: Dijo que en
realidad él fue a comprar los cigarrillos y cuando volvió
otro vecino, un tal José (un nombre inventado), le contó
que había matado a la nena y la había ocultado en
su casa.
Finalmente, en medio del desconsuelo familiar, la cruel verdad salió
a la luz. María Soledad Leguiza fue encontrada en un entretecho
de machimbres ubicado sobre la heladera de la vivienda de Acuña.
Su cuerpecito estaba desnudo y tenía un cable alrededor del
cuello. Había sido muerta por asfixia y violada.
En la casa del sujeto hallaron una bolsa de residuos con el pantalón
de jeans de la nena, su buzo azul manchado con sangre, la ropa interior
y una zapatillas rojas que estrenaba ese día, además
de un slip floreado.
El cinismo con el que el homicida actuó al querer distraer
la atención pretendiendo ayudar en la búsqueda de
la chiquita, actuó como agravante de su situación.

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