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La
Matanza
Por Fabián Banga.-
Especial – California
La
Matanza, desde su nombre, se inaugura con una negación. Es decir,
somos una anti-fundación. Pero esa anti-fundación implícita en nuestro
nombre no involucra una ausencia de existencia. Porque en esa resistencia
a la ilusión de la fundación es que surge nuestra realidad. Si uno
funda una ciudad genera una posibilidad, algo que es posible que ocurra.
La fundación es un comienzo de algo, el arrancar de un proyecto; de
alguna forma, una maternidad. Una matanza es una extinción, y un corte
con cualquier posibilidad de ilusión ya que uno llegó al limite, a
donde ya no se puede ir más allá. Pero ese corte con la ilusión hace
de la matanza un fenómeno tan concreto que no necesita de ninguna
abstracción que sustente su existencia. Es decir, que si la fundación
es una posibilidad, la matanza es la posibilidad materializada. Desde
esta lógica, nosotros en La Matanza arrancamos al revés.
La
pregunta es también quienes somos nosotros. La Matanza en los últimos
200 años, es indudablemente espacio de borde. En la época virreinal,
el territorio era la frontera y contacto entre el mundo criollo y
el indio. Y todo borde produce un territorio que no es pertinente
a ninguna de las partes, porque esa frontera por la constante fricción
entre las partes, produce un lugar nuevo. Es decir, existimos en el
borde no solamente en el nombre, sino también en el mundo físico.
Sería interesante aclarar que esto no ha cambiado mucho en los últimos
años. Las fuerzas políticas nacionales desde La Rosada y desde La
Plata, bajan a nuestras tierras en plena campaña política para poder
negociar el apoyo del coloso limítrofe. No faltan los intentos lingüísticos
de apropiación: Buenos Aires no se renta, no hay dueños de Buenos
Aires, etc. Porque La Matanza es un buen pedazo de Buenos Aires.
La
Matanza es La Matanza, una madre salvaje. Es auténtica, cálida y dura.
Esta ahí y cuando uno llega a La Matanza sabe que no está en cualquier
parte. Ya sea que te reciba Villa Celina o Ramos Mejía. Hay algo de
viejo en La Matanza, algo que hace dudar de su fundación. Por eso
le pega tan bien esa frase de Borges que dice: "A mí se me hace
cuento que empezó Buenos Aires: / la juzgo tan eterna como el agua
y el aire". ("Fundación mítica de Buenos Aires") Porque
se me hace a mí también cuento que fundaron La Matanza. Creo que Ella
se revela a ser atrapada por un contexto histórico. No está domada
y dudo que algún día se la pueda domar. Ella se escapa a toda construcción
teórica y si uno la analiza mucho, termina con la sensación que está
hablando pavadas. Uno es de ahí, nació ahí, sus abuelos nacieron ahí,
y de alguna forma siente que ahí, uno esta en otra parte. Hay algo
de la otredad en eso, algo del miedo, de lo ominoso.
Porque
La Matanza, si uno presta buena atención, se da cuenta que supera
cualquier ecuación social. Esa realidad, quisiera proponer, la hace
un potencial enorme, un peligro y una esperanza. La Matanza, creo
que nunca terminó de comprar el panfleto neoliberal en los 90. Me
da la impresión (esto que digo es absolutamente arbitrario e intuitivo)
que La Matanza es un zócalo desde donde renace una hálito de esperanza
frente a la gran catástrofe que hemos vivido en los últimos años.
Aunque
parezca esto algo ridículo para muchos, hay un elemento esencial que
une a La Matanza con California. Claro, no evito ni quiero presentar
acá un proyecto a lo Sarmiento de blanqueamiento. Para nada y son
claras las diferencias e injusticias. Pero más allá de las diferencias,
en la esencia, los dos son lugares limites, son el final, no se puede
ir más allá. Para llegar hay que quemar las naves. Quizá eso aún no
está del todo claro para todos el mundo. Pero hay que quemar las naves
y darse cuanta que no existe otro lugar que éste en el que estamos.
Si se quiere algo nuevo, hay que hacerlo. Los californianos son un
poco así. Si se necesita algo se hace, no se puede ir a buscar a otro
lado. Hay algo heredado de los tiempos de vivir en la frontera. Nadie
va a venir a traernos nada, hay que hacerlo acá. Hay que absorber
cosas de otros lados, pero no tratar de ir a buscar lo que no se tiene.
El día que eso se entiende, el lugar limite en el que uno vive deja
de ser frontera para ser centro. El día que eso ocurra en La Matanza,
las posibilidades serán infinitas.
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