Chacra
“Los Tapiales”: El lugar
por el que pasó la historia
Esta
construcción colonial, declarada por Decreto 120.411 Monumento Histórico
Nacional el 21 de mayo de 1942, se encuentra enclavada en el corazón
del Mercado Central de Buenos Aires.
La
Chacra de “Los Tapiales”, uno de los pocos monumentos históricos que
se mantienen en pie en La Matanza, albergó durante casi tres siglos
parte de la historia argentina.. Por aquí paso la impronta progresista
de Martín José de Altolaguirre, quien con su amigo Don Manuel Belgrano
realizó una extensa plantación de árboles y arbustos, aún muchos en
pie; los Liniers con su “Real Fabrica de Pastillas” similares de los
actuales caldos concentrados. También habitó estas tierras Don Francisco
Ramos Mejía, cuya filosofía asentada en principios de libertad e
igualdad, lo llevó a ser el único estanciero que comprara sus tierras
a los indios, con quienes convivió, y al estado nacional simultáneamente.
La muerte lo encontró confinado en “La Chacra” justamente por defender
dichos ideales.
Los
antecedentes dominiales de estas tierras se remontan a los primeros
años de la colonia, con más precisión a mediados del siglo XVII, cuando
el gobernador de Buenos Aires Hernando Arias de Saavedra (más conocido
como Hernandarias) las entregó en propiedad, por Merced Real, al Capitán
Pedro Gutiérrez de Paz.
Luego
de su muerte, se sucedieron diversos propietarios, respecto de los
cuales merecen destacarse, por su participación en la historia de
nuestro país, a Martín José de Altolaguirre y a Francisco Ramos Mexía,
sin mengua de otros distinguidos habitantes de esa propiedad.
Dicha
Chacra constaba, aproximadamente, de 7.000 hectáreas, teniendo por
límites, al norte, los pagos de El Palomar, al Sur el otrora Riachuelo
de los navíos; Al naciente, diversas chacras que se extendían hasta
las proximidades de la Plaza Miserere y al poniente, la extensa pampa.
A
“Los Tapiales” llegó la impronta progresista de la mano de Altolaguirre,
uno de los pocos agrónomos de su época y un amante de la naturaleza
y la botánica. Tal su interés por el desarrollo de esa actividad que,
en compañía de amigos, tales como Manuel Belgrano, en su chacra “Los
Olivos” -ubicada en el actual Barrio de la Recoleta- realizó una extensa
plantación de árboles y arbustos de diversa especie. Hoy todavía son
testigos de aquella noble labor, los viejos gomeros próximos a la
Iglesia del Pilar.
Martín
Altolaguirre desarrolló una intensa actividad en “Los Tapiales”, llegando
a transformar ese áspero paraje, donde campeaba el indio, en un lugar
que hubiera sido sin duda de admiración de cualquier botánico. Sostienen
que con su intervención, en ese establecimiento, se plantaron doscientos
mil árboles. Allí también se efectuaron las primeras plantaciones
de lino y cultivo de olivares e inclusive 100 hectáreas de nogales.
Treinta
años más tarde, apremiado por necesidades económicas, Altolaguirre
vende “Los Tapiales” a Don Francisco Hermógenes Ramos Mejíía, quien
acababa de regresar junto a su cónyuge, María Antonia de Segurola,
del Alto Perú, luego de realizar varios años estudios.
Influenciado
por el medio donde desarrolló sus estudios y por el espíritu pionero
de Francisco Ramos Mejía, en compañía de algunos pocos hombres de
la Chacra -entre ellos José Luis Molina- traspone el límite Sur del
Río Salado -frontera con el Indio por ese entonces- con el ánimo de
instalar allí un establecimiento ganadero. Por ese entonces corría
el año 1814.
Luego
de una larga travesía llega a la Laguna Kakel Huincul, ubicada hoy
a metros de la Ruta Nacional Nº 2, situada en el viejo Partido de
Monsalvo (actualmente Partido de Maipú), donde, luego de serias tratativas
con los Caciques y Capitanejos Pampas, les compra las tierras por
ellos ocupada, haciendo lo mismo con el Gobierno según consta en la
Gazeta Nº 112 de 1819.
La
adquisición de Don Pancho Ramos (así lo llamaban los aborígenes),
fue un acto de reconocimiento de la propiedad original a sus antiguos
pobladores. Concretada la transacción, lleva adelante la fundación
de la Estancia “Miraflores” así denominada en recuerdo a una finca
de su suegro, el Gobernador de La Paz, en el Alto Perú, Don Sebastián
Segurola y Oliden. El historiador Adolfo Saldías, en su Historia de
la Confederación, plantea que Francisco fue el único estanciero de
entonces en comprarle tierras a los indios, permitiéndosele a estos
permanecer con sus tolderías en dicho territorio.
El
10 de agosto de 1814 presenta al gobernador Gervasio de Posadas, un
plan para poblar pacíficamente la pampa y llevar adelante una acción
civilizadora y opuesta al empleo de la fuerza.
Don
Pancho fue un protector de los aborígenes y los representó en el acuerdo
de paz que suscribieron con el Gobernador Martín Rodríguez, denominado
“Tratado de Miraflores” firmado el 12 de Abril de 1820. El mismo constaba
de 10 puntos, que eran significativos para la convivencia, era base
firme y estable de fraternidad y seguridad recíproca.
Su
actividad en pos de relacionarse con los naturales de manera pacífica
e intentando quebrar siglos de desconfianza, fue tronchada por intereses
comerciales, que resistían la labor de Ramos Mejía más allá de las
fronteras. Ello le costó ser detenido, engrillado y luego confinado
en la Chacra “Los Tapiales” por ordenes del mismo gobernador, Martín
Rodríguez que le había asignado la responsabilidad de firmar un tratado
de paz con los indios.
Un
día antes de ser trasladado por la fuerza de su estancia en Maipú,
fue separado de un centenar de indios fieles que vivían con él en
las inmediaciones de Miraflores, ya iniciado su viaje se encuentra
que cerca de 80 de estos indios, fueron ultimados en las cercanías.
Cerca del viejo casco de la estancia Kakel en Maipú existía hasta
hace muy poco, una cruz de madera señalando el cementerio de estos
indios sacrificados por su adhesión y lealtad con el hacedor del acuerdo
de Miraflores.
Ya
en Tapiales, vivió en compañía de su familia y protegido por una guardia
de voluntarios indios Pampas, instalados en tolderías, no muy lejos
del casco, el que ya contaba con la actual torre almenar, desde cuya
altura se dominaba la amplia extensión de esta hermosa tierra.
Finalmente,
Don Francisco Ramos Mejía muere en 1.828, apenado y entristecido por
el fallecimiento de dos de sus hijos a causa de la peste. Con tal
motivo, sus familiares piden autorización a las autoridades para enterrarlo
en su chacra. Tal solicitud les es denegada. Cuenta la tradición que,
ante la situación planteada y encontrándose la familia en los prolegómenos
de su entierro, transcurridos dos días de largos velorios de esos
tiempos, a la hora de la siesta y en medio del descanso, una partida
de indios Pampas sigilosamente retiró el cuerpo y partieron en silencio
en busca de su morada definitiva. El destino final de sus restos,
a ciencia cierta, sus descendientes nunca lo conocieron.
También
en la Chacra de “Los Tapiales”, el General Juan G. de Lavalle (sobrino
de Don Francisco), acampó luego de la derrota de Puente Márquez, donde
permaneció durante varios meses del año 1829. De allí partió meses
después el general con una pequeña escolta a visitar el campamento
de Rosas, en la actual localidad de Virrey Del Pino, para entrevistarse
con su jefe en busca de una acuerdo. En ese lugar Lavalle, a la espera
de Rosas, descansó en la tienda del Restaurador, en demostración de
camaradería propia de otras épocas; pocos días mas tarde se suscribiría
el Tratado de Cañuelas.
Los
hijos y yernos de Don Pancho se plegaron en 1839, a la Revolución
de Los Libres del Sur, campaña contra Rosas, que luego continuaron
en el ejercito de Lavalle, cuando éste intentó derrocarlo en 1.840.
Acompañaron
a Lavalle en su célebre retirada hacia el norte, luego de la derrota
sufrida en Quebracho Herrado, Matías, Ezequiel y Francisco Ramos Mexía.
Este último fue muerto en Córdoba. También fueron de la partida los
maridos de Magdalena y Marta Ramos Mexía, Don Isaías de Elía y Don
Francisco Madero, que luego fuera Vicepresidente de la Nación durante
la primera Presidencia de Julio A. Roca.
Lavalle
encontrará su muerte un 9 de Octubre de 1.841 en Jujuy, y los Ramos
Mejía junto a un centenar de leales soldados, realizo la odisea del
traslado de sus restos, hasta llegar a Bolivia, con el fin de evitar
la profanación de los mismos.
Por
estas causas, Rosas dispone la confiscación de la Chacra “Los Tapiales”
y del establecimiento “Miraflores”. Siendo estas propiedades devueltas
a sus dueños, luego de la batalla de Caseros.
Se
inicia junto a la organización nacional, un período de paz y progreso
que se ve reflejado en Los Tapiales. Isaías de Elía, yerno de Pancho
Ramos Mejía, animado del espíritu de sus predecesores en el lugar,
se vuelca con intensidad a la producción agroganadera, constituyéndose
en pionero de la cría del caballo pura sangre de carrera y de vacunos
Shorton, descendientes de Tarquino.
Continuaron
en tal actividad su hijo Agustín Pío, y más tarde su nieto, Agustín
Isaías de Elía, quien luego fuera Intendente de La Matanza. Este amplía
la casa y le da el aspecto, tamaño y configuración que la casa conserva
actualmente. El casco de la Chacra fue declarado monumento histórico
nacional, el 21 de Mayo de 1942, por decreto 120.411. La Chacra de
Los Tapiales, fue expropiada en el año 1.946 y casi una década más
tarde, devuelto a sus dueños.
Finalmente,
en 1.963, por Ley 17.422 se le da al predio condición de “tierras
de utilidad pública” y se dispone la expropiación para ser destinada
a la Corporación Mercado Central de Buenos Aires, la que quedó propietaria
del caserón y encargada de velar por su conservación.
En
1987 llega a la Argentina el Papa Juan Pablo II, en esta visita se
acerca al Mercado Central -una de las habitaciones de la torre fue
preparada como lugar de descanso para su estadía- realizando en él
una misa de campaña.
Ahora
se decidió incorporar este lugar como espacio de cultura e historia
para la ciudadanía, procurando, mediante su reapertura, en el 20º
Aniversario de la Corporación Mercado Central, la divulgación de hechos
y personalidades olvidados de nuestro pasado.