La
solidaridad es lo que vale
“Yo
lucho por la discapacidad de los corazones”
Así
lo afirmó la presidente de la fundación “Mi
mamá me ama”, que trabaja hace cuatro años desinteresadamente
por el bien de los discapacitados del partido de La Matanza y alrededores
* Durante el 2006 entregaron más de ochenta sillas de rueda
a personas necesitadas y ahora van por una subvención del
Ministerio de Desarrollo Social que les permita darle “un
aliento” a los que colaboran a diario * Arremetió contra
el mal estado de las rampas en el centro de Ramos Mejía e
invitó a participar caritativamente por el bien de la comunidad
* Aseguró que “no se fijan en banderas políticas
sino en la beneficencia”
Por
Claudio Brusca.-
La
Fundación “Mi mamá me ama” trabaja hace
cuatro años en Ramos Mejía, tratando de reivindicar
los derechos de los discapacitados y posibilitando que muchas de
las personas necesitadas tengan una ayuda que les permita seguir
adelante con la frente bien alta.
Con campañas de conscientización permanentes, que
obligan a los habitantes a pensar en los demás, la asociación
fue creciendo en el corazón de la sociedad matancera, llegando
a ser una de las entidades referentes para la gente con dificultades
motrices.
Durante el 2006 entregaron más de ochenta sillas de rueda,
que fueron conseguidas gracias a la colaboración constante
de los vecinos y el aporte gratificante del Club Integral del lisiado
santafesino (CILSA), con su sede en Buenos Aires, que siempre se
mostró adherente ante los pedidos de la organización.
El CILSA se fundó en la ciudad de Santa Fe, el 14 de mayo
de 1966 por iniciativa de un grupo de imposibilitados motrices y
el apoyo de un sector de especialistas en rehabilitación.
El objetivo principal fue desarrollar actividades deportivas y socioculturales,
haciendo que la misma naciera como un club. Con el tiempo y gracias
a distintas experiencias que se fueron sumando al proyecto, pasaron
a considerar otras áreas que tenían estrecha relación
con la problemática de las personas con capacidades diferentes,
haciéndose eco de las necesidades que los propios beneficiarios
fueron acercando.
Esos planteos iban más allá de las prácticas
recreativas y deportivas, concentrándose en las insuficiencias
especiales de quienes no sólo sufren la discapacidad física
o sensorial sino que además, son marginados del mundo laboral,
educativo, recreativo, afectivo y social.
Esto es lo que empezó a reivindicar “Mi mamá
me ama”, intentando plantearse esas metas en el largo plazo
y para lo cual ofrecen su solidaridad todos los días ad honorem,
con la intensa participación activa de diez personas, que
entregan su tiempo y dedicación sin ningún otro beneficio
más que la alegría de ayudar.
Lógicamente, que al no tener un espacio físico para
trabajar y a su vez no recibir aportes económicos, la fundación
presentó un proyecto que ya fue aprobado y espera una subvención
por la ley de cheques del Ministerio de Desarrollo Social de la
Nación, que sería utilizado para cubrir los gastos
destinados a los recursos humanos necesarios.
Cerca de 385 mil son la cantidad de discapacitados en la provincia,
y por lo tanto las carencias de todo tipo se cristalizan cotidianamente.
No sólo sillas de ruedas, sino también rampas en las
calles, medicamentos, respaldo psicológico y afectivo.
“Yo lucho por la discapacidad de los corazones, por esa gente
que ocupa un lugar en el Gobierno y que sin embargo no lo utiliza
para ayudar a las personas con capacidades especiales. En la fundación
no recibimos ni cobramos ni un peso, pero igualmente seguimos trabajando
por el bien de los discapacitados y porque esta actividad nos reconforta
como seres humanos”, enfatizó la presidente de la institución,
Marta Salerno.
Las
eternas dificultades
El
año pasado, “Mi mamá me ama” participó
de numerosos eventos solidarios y colaboró con distintas
ONG´s del distrito. Así se encontró con la escuela
N º 9 de Ramos, ubicada en la calle O´ Connors 460, que
vivía la triste realidad de no contar con banderas nacionales
para los actos patrios y no gozar de dinero para hacer los diplomas
de fin de curso de los alumnos.
La entidad se hizo cargo de los gastos fomentando rifas y buscando
el apoyo de los comerciantes de la zona. Del mismo modo, ayudaron
al colegio con elementos requeridos por los chicos con capacidades
diferentes.
“Nosotros no nos embanderamos con la política, porque
muchos funcionarios se acercaron pero nunca nos dieron una solución
a nuestros problemas. Pedimos rampas en buen estado y no están;
reclamamos por sillas de rueda y nunca aparecieron, entonces no
entendemos para qué están o simplemente comenzamos
a pensar que los discapacitados no interesan”, arremetió
Salerno que además dejó en claro que no hay partidismos
sino pura solidaridad y que desea que “los gobernantes se
sensibilicen a la hora de decidir en qué utilizan los fondos”.
La asociación que también está en busca de
medicamentos para paliar con los desesperados requerimientos de
muchos, no dejó de agradecer la buena predisposición
de Luis Liendro, ex subsecretario de la discapacidad de La Matanza,
y de la Defensora del Pueblo, Silvia Caprino.

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