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Un deportista único que hizo vibrar al mundo
El campeón de Lomas del Mirador

Así se lo podía reconocer al formidable boxeador Eduardo Jorge Lausse, nacido en una de las localidades más lindas del partido de La Matanza en el año 1927 * Idolatrado tanto arriba como abajo del ring, el pugilista se supo ganar el cariño de todo el ambiente deportivo, que hasta el día de hoy lo recuerda como a un grande de verdad * A pesar de haber sido campeón argentino y sudamericano de los medianos, nunca tuvo la oportunidad de pelear por el título del mundo, que merecía sin ningún lugar a dudas por su talento innato *

Por Claudio Brusca.-

Nadie puede negar que para los argentinos, el boxeo fue y será uno de los deportes más apasionados después del fútbol, y por lo tanto, es difícil obviar que los pugilistas nacionales marcan una diferencia en el resto del mundo.

Ese fue el caso de Eduardo Jorge Lausse, campeón argentino y sudamericano de los medianos que hizo vibrar a los fanáticos en el Luna Park, logrando un record de quince peleas consecutivas ganadas por nocaut entre diciembre de 1952 y enero de 1954.

Era zurdo, ágil, morocho de jopo engominado, nariz aguileña y una capacidad noqueadora que lo reveló como acreedor del apodo “KO Lausse”, que se sentía entre los labios de los estadounidenses que lo disfrutaron en su mejor etapa, en la época que el boxeo era la meca en aquel país del norte y que pelear allí reflejaba un plus extra y necesario para consagrarse.

Nació el 21 de noviembre de 1927, nada más y nada menos que en la localidad matancera de Lomas del Mirador, y murió el 8 de mayo de 1995, cuando tenía 67 años y el campanazo final marcó el adiós.

Feroz con su zurda adentro del cuadrilátero, pero un notable caballero afuera de él, se ganó el cariño no sólo de los amantes de este deporte, sino también de todo un barrio que lo tenía como a un niño mimado que reflejaba bajo sus guantes todas las esperanzas de los atletas jóvenes de aquel lugar.

A pesar de la estrecha relación que mantuvo con su lugar de nacimiento, formó un vínculo bastante especial con la gente de Mar del Plata, ciudad que lo vio debutar profesionalmente. Cristalizado como el verdadero antecesor de Carlos Monzón, completó un record de 87 peleas con 75 victorias, dos empates y diez derrotas.

No fue coronado como campeón mundial pero debió serlo, ya que hizo todos los méritos posibles en cada país que lo disfrutó boxear. Protagonizó quince combates en Norteamérica y sólo perdió dos. Pero consiguió triunfos estupendos, como aquel sangriento éxito que quedó en la historia, tras ganarle a Ralph Tiger Jones, el 13 de mayo de 1955.

Un cabezazo del estadounidense le rompió la nariz en el segundo asalto, lo que provocó que el desarrollo del combate sea realmente dramático. Los diarios y agencias de noticias repartieron por el mundo una foto tremenda del cruce de los dos gladiadores.

Y finalmente ganó Lausse, con claridad y precisión. Lamentablemente, aunque habían prometido que el victorioso de esa contienda pelearía por el título con Carl Bobo Olson, nadie cumplió con la palabra, acusando razones injustificables. Tampoco tuvo la chance tras ganarle meses después a Gene Fullmer, ex campeón mundial.

Lausse estaba en la plenitud a los 27. Ese año también se tomó revancha con Kid Gavilán, ese extraordinario peso welter cubano que había deslumbrado en Buenos Aires tres años antes (le había ganado a él, a Mario Díaz y a Rafael Merentino) y que quería el título mediano.

El matancero se cansaría de tanta postergación y se volvió para seguir su carrera en Buenos Aires, dado a que tanta demora por una oportunidad ya parecía una cargada discriminatoria conveniente para los grandes mafiosos que manejaban el importante negocio que dejaba el boxeo en Estados Unidos.

A partir de ahí, se abriría una nueva página para el libro de los combates célebres, esta vez con Andrés Selpa, con quien disputó dos extraordinarias peleas. La primera en 1956 en una dura disputa que finalizó con la increíble victoria de Selpa en Bahía Blanca.

Lausse volvió a perder la revancha en el Luna Park, con las costillas fracturadas y el llanto de los seguidores que no comprendían cómo el campeón dejaba en el camino el título nacional y sudamericano.

Lógicamente que esto no quedó ahí, y como en las películas de ficción, Lausse se tomó la gran revancha en 1958 y lo venció por puntos en un estadio que estallaba con cada mano que volaba de un lado para el otro.

Si bien volvió a Estados Unidos en 1960, ya no era el mismo. Ganó una pelea por nocaut en el cuarto (Greaves) y perdió por abandono con el francés Marcel Pigou, derrotado por el calor y el agotamiento más que por su rival. Todos sabían que se acercaba el final, por eso en 1963 se retiró ante el grito popular de los fanáticos que llenaron el Luna y ovacionaron su triunfo en el octavo episodio ante Víctor Salazar.

Tenía 33 años, no poseía la corona de campeón del mundo pero sí la de rey de la gente. Un valor inigualable del boxeo argentino que supo defender siempre los sentimientos de Lomas del Mirador, localidad que recorrió los comentarios del mundo cuando se hablaba del querido y perspicaz “KO Lousse”, un verdadero valuarte para no dejar de recordar mientras exista este deporte tan apasionante.

anuario 2005


Nuestra América



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