El
caso Cardozo - Las intimidaciones no cesan
Cristina Vega: “Estamos cansados, queremos que se termine
esto de una vez por todas”
La
madre del joven Miguel Cardozo “Piki”, asesinado en
San Justo en 2006 por policías -al haber accionado la alarma
accidentalmente del auto de uno de ellos- se manifestó desconcertada
con la traumática situación que vive toda la familia,
que desde el crimen no ha dejado de recibir amenazas y atentados
* En los últimos episodios que padecieron, Cristina fue golpeada
en la calle, y su hermano Jorge Vega, tío de la víctima,
fue secuestrado por tres sujetos vestidos de policía, de
quienes consiguió huir * Sin poder hallar consuelo por la
tragedia, ahora también temen perder el trabajo por la presencia
de sus custodias *
Por
Soledad Saliola.-
A ocho
meses de la incomprensible muerte de Miguel Cardozo “Piki”,
el adolescente asesinado de un balazo en la cabeza por policías
bonaerenses en San Justo, y con la investigación del caso
prácticamente cerrada a punto de ser elevada a juicio, sus
familiares advierten que “estamos cansados” en referencia
a las permanentes intimidaciones de todo tipo y agresiones que vienen
sufriendo desde mayo de 2006, y esperan se resuelva pronto el caso
“para que se termine esto de una vez por todas”, reclamaron.
Desde que ocurrió el homicidio del adolescente Miguel Eduardo
Cardozo, de 15 años, entre la noche del sábado 20
y la madrugada del domingo 21 de mayo, sus vidas han sido afectadas
completamente. “Ya no damos más, queremos que llegue
rápido el juicio y se termine esto”, expresó
a NCO la madre de Piki, Cristina Vega, a la vez que manifestó
sentirse “presa” por tener que ser custodiada permanentemente
por personal de Gendarmería, de a cuerdo a requerimiento
judicial.
Es que pese a estar custodiados, tanto Cristina como su hermano,
Jorge Vega (por Policía Federal) -que figuran como la parte
damnificada y denunciante en la causa del crimen de Piki- no han
dejado de recibir amenazas y sufrir atentados que en un principio
parecían estar dirigidos a generarles miedo y perjudicar
el avance en el esclarecimiento de la causa. Ahora, con la investigación
avanzada, y los dos policías y un civil imputados del hecho
detenidos, los Vega ya no le encuentran explicación a semejante
tortura psicológica a la que están siendo sometidos.
Los últimos extraños acontecimientos por los que vieron
peligrar su integridad física les sucedieron, a Cristina,
en diciembre último, cuando recibió una cuarta agresión
mientras se dirigía a su trabajo en Capital Federal. Sucedió
en un momento que, según mencionó, se escapó
de su custodia para encontrarse con una mujer que desde hacía
una semana la había estado llamando a su teléfono
celular, que por cierto ya perdió la cuenta de las veces
que cambió de aparatos y de líneas y no comprende
cómo los agresores la siguen ubicando.
En esta última oportunidad, contó, al llegar a las
calles Warnes y Thames, a una cuadra de su lugar de trabajo, esa
supuesta mujer la interceptó y la golpeó en la cara
y varias partes del cuerpo.
El anterior atentado sucedió estando la mujer alojada en
un centro para asistencia de las víctimas, dependiente del
gobierno provincial, sin su custodia personal por decisión
propia. El agresor le produjo varias heridas en una pierna, en brazos
y el torso. Cristina lo pudo identificar como el mismo sujeto que
la interceptó en San Justo junto a otro individuo para amenazarla,
y que describió en el identikit aportado en aquella ocasión.
El segundo ataque le ocurrió al salir al patio trasero de
su casa, mientras dos gendarmes permanecían de consigna custodiando
la entrada del domicilio, en el barrio Almafuerte de San Justo.
Allí, un hombre encapuchado le provocó dos lesiones
leves en el rostro y en el abdomen.
También su hermano, Jorge Vega, sufrió varios sucesos
peligrosos. El último, en la que más se asustó,
pasó el 2 de enero; fue secuestrado en cercanías de
su domicilio en Capital Federal y llevado a bordo de un auto hasta
la autopista Dellepiane, donde en instantes que iba a ser trasbordado
a otro vehículo logró escaparse y salir ileso de los
disparos efectuados a su huida.
Según relató Jorge, durante el viaje oyó desde
un handy una frecuencia utilizada por la Policía de La Matanza,
donde se nombraba desplazamientos para las comisarías de
las localidades de Villa Recondo, La Tablada y Villa Luzuriaga,
de este distrito.
Anteriormente, caminando en dirección a su casa, en Parque
Chacabuco, fue interceptado por un vehículo con tres ocupantes,
uno de los cuales vestía uniforme policial y apuntándole
con un arma le ordenó entre insultos que se quedara quieto.
La madre de los Vega (abuela de Miguel) fue otra familiar que recibió
amenazas de un extraño mientras caminaba en la calle.
Todas estas vicisitudes les ha traído tremendos perjuicios,
en que la familia se ha visto desmembrada y desestabilizada en sus
lazos más íntimos, al punto de la separación
conyugal; a lo que se le suma tener que cambiar de domicilio, de
línea telefónica permanentemente. Y como si esto fuese
poco, la presencia de las custodias personales también les
acarreó problemas laborales, ya que en sus trabajos no verían
con agrado la compañía del personal policial.
En este sentido, Cristina comentó que por esta razón,
tenía varios empleos y ahora sólo se quedó
con uno en el que le aceptaron su nueva forma de vida.

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